Vaciamiento estético: la derecha colombiana y la inteligencia artificial
La proliferación de la IA generativa, particularmente en las campañas de la derecha en Colombia, no es una casualidad. La derecha entiende la potencia de la imagen como circulación y afecto, y ha sido rápida en adoptar cada tecnología que la acelera y la multiplica. La IA generativa le resulta afín, como señala Gareth Watkins: si la IA fuera capaz de producir arte formalmente competente, sorprendente, con alma, las derechas no la querrían: les repugnaría.
Fecha: 2026-05-29
Por: Juan Cortés*
Ilustración:
Luisa F. Arango (@holaahumano)
Vaciamiento estético: la derecha colombiana y la inteligencia artificial
La proliferación de la IA generativa, particularmente en las campañas de la derecha en Colombia, no es una casualidad. La derecha entiende la potencia de la imagen como circulación y afecto, y ha sido rápida en adoptar cada tecnología que la acelera y la multiplica. La IA generativa le resulta afín, como señala Gareth Watkins: si la IA fuera capaz de producir arte formalmente competente, sorprendente, con alma, las derechas no la querrían: les repugnaría.
Fecha: 2026-05-29
Por: JUAN CORTÉS*
Ilustración:
Luisa F. Arango (@holaahumano)
En la actual campaña presidencial, la derecha colombiana usa IA generativa de forma repetitiva y masiva: fruti-novelas que vuelven a los candidatos frutas melodramáticas, recreaciones al estilo hollywoodense, partidos de fútbol imaginarios, un “debate presidencial” en el que Paloma Valencia se enfrentaba a un Iván Cepeda sintético, videos de la campaña De la Espriella de candidatos transfigurados en animales, etc.
Lo que ocurre corresponde a un fenómeno global: el ascenso de las nuevas (y viejas) derechas no transcurre al lado de la expansión de la inteligencia artificial, sino con ella. Son el mismo fenómeno. Siguiendo a Eric Sadin, teórico francés especializado en estudios sobre inteligencia artificial, hay una pérdida de fe en las posibilidades de lo común, empujada por un individualismo que la cultura digital lleva al extremo y un empobrecimiento de la imaginación. Delegamos en un sistema algorítmico las facultades intelectuales y creativas que nos hacían singulares y dejamos atrofiar la que él considera la más política e importante de todas: la facultad crítica.

La imagen generada por inteligencia artificial se transfigura sin parar: es incapaz de sostener un rostro, de repetirlo con estabilidad de una escena a otra. El candidato acepta aparecer deformado, con una mano de más o la cara trastocada. Hito Steyerl, artista y teórica de la imagen digital, describió la imagen pobre como aquella cuyo valor ya no está en la resolución ni en el parecido, sino en su velocidad de circulación. Lo que ella leía como una posible insubordinación, las derechas lo han vuelto método: una imagen a la que la deformación no le resta nada, porque nunca prometió fidelidad. No someten ni siquiera su propio rostro a una prueba de realidad. Esa ausencia revela que la imagen nunca estuvo hecha para representar a nadie; en cambio, estaba hecha para inundar, para circular y recircular.
El punto no es que esas imágenes sean torpes, sino que son operativas. Harun Farocki llamó imágenes operativas a aquellas que no existen para ser contempladas porque no representan ni narran algo o a alguien, sino para cumplir una función dentro de una operación que no necesita espectadores humanos. En la campaña digital esa operación se amplifica: ya no se trata sólo de imágenes producidas por y para sistemas técnicos, sino de imágenes que convierten al propio público en una extensión de ese aparato. Por eso resulta normal que en los comentarios discutan seres humanos con bots. Quien mira deja de ser tratado como espectador, ciudadano o interlocutor, y pasa a ocupar el lugar de una pieza del sistema de circulación, es decir, un engranaje dentro de un flujo que debe reaccionar, dar ‘like’, comentar, indignarse, burlarse, compartir. Esa repetición se apoya en un desgaste neurocognitivo que acostumbra la atención a la descarga inmediata, vuelve adictiva la reacción y hace cada vez más difícil sostener el tiempo lento de la interpretación.
La imagen de campaña hecha con IA es operativa en ese sentido: “El proyecto estético de la derecha es inundar la zona con basura para desgastar los fundamentos intelectuales que permitirían resistir la crueldad política”.

Hay en todo esto una dimensión libidinal de la política, como fuente de goce y no de debate. No se convoca a deliberar sino a entretenerse. Sartre lo describió en su texto Reflexiones sobre la cuestión judia con la figura del antisemita: quien sabe que sus afirmaciones son frívolas, refutables, pero se divierte, porque es el adversario quien queda obligado a usar las palabras con responsabilidad. La derecha contemporánea, antes que nada, “se está divirtiendo”.
Es importante aclarar que esto no es un ataque a la imagen popular, ni a la risa, ni al meme. El humor produce sentido afectivo y cognitivo con derecho propio, y muchas veces lo hace mejor que el discurso solemne. El problema aparece cuando esos imaginarios populares —el chiste, la caricatura, la telenovela, el melodrama, el monstruo, el therian— son puestos a trabajar para que reírse y deshumanizar sean el mismo gesto. La crueldad no es un efecto secundario de esa forma de entretenimiento sino su materia prima. Por eso el reparo no es estético. La pregunta no es si una imagen es alta o baja, profunda o simple, sino qué le hace al otro.

Cuando el propio Oviedo se burla de De la Espriella diciendo que “solo entretiene”, no denuncia la forma de hacerlo sino que lo describe desde adentro, porque él mismo se zambulle en esa zona y le saca provecho cuando el entretenimiento ya sustituyó el lugar del argumento sobre los planes programáticos.

Y es que uno de los mayores riesgos es que el mismo gesto que vacía la imagen vacía el programa. El “Colombia Más Grande 2026” de Valencia y Oviedo invoca la inteligencia artificial como llave para “desactivar” cinco crisis y auditar la corrupción en tiempo real mediante “sistemas digitales basados en blockchain, auditorías automatizadas y tableros públicos de seguimiento de la gestión estatal”, como si la corrupción colombiana fuera un problema de cómputo y no, como lo sabemos hasta el cansancio, una arquitectura política.
La “Educación 4.0” de De La Espriella, su Plan Colombia 2.0 con drones e IA militar y glifosato de regreso, presenta una técnica sin dueño, ni clase, ni historia —y eso es mentira: la técnica que proponen tiene dueño y tiene programa. Es el operativo que Sadin anticipó: la automatización presentada como progreso para no tener que pronunciar las palabras desigualdad, despojo, corrupción, las que sí explicarían por qué los sistemas que importan llevan décadas destruidos.
No hace falta salir del continente para ver el patrón completo. Milei propone convertir a Argentina en uno de los cuatro polos mundiales de IA con el único argumento de no regular nada —su jefe de asesores dijo que las regulaciones “son un tiro en los pies”, y el Régimen de Incentivo para Grandes Inversiones (RIGI) garantiza treinta años de excepción fiscal a quien traiga centros de datos a la Patagonia, como si el frío y la tierra fueran una política y no una renta—.
En octubre de 2025, la empresa argentina Sur Energy y OpenAI firmaron una carta de intención para instalar un centro de datos de próxima generación con capacidad de hasta 500 MW y una inversión proyectada de hasta US $25 mil millones, aunque sin ubicación confirmada ni regulaciones ambientales específicas. Las comunidades mapuche de la región temen que se agrave la falta de agua y los problemas ambientales en una zona como Vaca Muerta, que aún no recibe el derrame económico de la actividad petrolera.
Nayib Bukele, por su parte, firmó con Elon Musk el 11 de diciembre de 2025 para instalar a Grok —la misma IA que la justicia francesa investiga por afirmaciones negacionistas sobre Auschwitz— en más de cinco mil escuelas públicas, anunciado por xAI como “el primer programa educativo nacional del mundo impulsado por inteligencia artificial”, y admitió estar consciente de que está convirtiendo a su país en un experimento social.

En Colombia, El País registró el 16 de mayo de 2026 una pieza de IA en la que De la Espriella aparece transformado en un tigre que destruye un tren con el nombre ‘Los de Siempre’; otra versión circuló en el Instagram de su campaña bajo la consigna ‘El Tigre es el único que detendrá a los de siempre’.
La técnica llega, como dijo Sadin, para ocupar el lugar de la deliberación que ya no se quiere tener. Y se hace, siempre, en nombre del progreso —la palabra que más repiten y la que Walter Benjamin desarmó con el ángel de la historia, ese que vuela de espaldas hacia el futuro empujado por una tormenta que amontona ruinas—. La derecha tecnocrática es esa tormenta vendida como brisa.
Queda entonces la paradoja: América Latina, y especialmente sus geografías del sur, son los territorios más fértiles del mundo, biológicamente infinitos, culturalmente plurales, lugares donde podrían germinar modelos políticos y económicos que partieran de esa abundancia en vez de negarla. Pretender pensar nuestra realidad con inteligencias artificiales que hablan lenguas muertas sólo nos hace, cada vez, más desconocidos.
Lo más preocupante no es esa pobreza de las imágenes —que es, en el fondo, lo que las vuelve eficaces—. El problema es que clausuran la oportunidad de imaginar otros futuros en la arena política. Y renunciar a imaginar desde esta abundancia, para repetir un molde ajeno, es la forma más eficiente y antigua de la soledad.
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*JUAN CORTÉS, columnista invitado Es artista, investigador y desarrollador colombiano. Su trabajo explora las relaciones entre arte, tecnología, memoria, ecología política e infraestructuras digitales. Su investigación actual sobre inteligencia artificial y modelos de clasificación fue publicada en Cambridge Forum on AI: Culture and Society, de Cambridge University Press, con el artículo “Limitations of the Linnaean categorization model in the age of AI”. Ha recibido reconocimientos como el Golden Nica de Ars Electronica y el Collide Award del CERN, y su trabajo ha sido presentado en contextos internacionales como MoMA, CCCB, HEK Basel, Ars Electronica y CERN www.juancortes.net. |
Referencias
- Watkins, G. (2025). AI: The new aesthetics of fascism. New Socialist. https://newsocialist.org.uk/transmissions/ai-the-new-aesthetics-of-fascism/
- Benjamin, W. (1940). Tesis sobre la filosofía de la historia. En Iluminaciones (pp. 177-191). Taurus.
- Pulitzer Center. (2026, 31 de marzo). Mega data centers de IA en la Patagonia: promesas millonarias y alerta por la falta de regulación. https://pulitzercenter.org/stories/ai-mega-data-centers-patagonia-promises-millions-and-conc erns-over-lack-regulation-spanish
- DW Español. (2025, 11 de diciembre). Bukele y Musk acuerdan usar IA Grok en escuelas salvadoreñas. https://www.dw.com/es/bukele-y-musk-acuerdan-usar-ia-grok-en-escuelas-salvadore%C3% B1as/a-75120442
- Farocki, H. (2004). Phantom images. Public, 29, 12-22.
- Focus Noticias. (2026, 13 de abril). Paloma Valencia y Juan Daniel Oviedo presentan su plan de gobierno “Colombia Más Grande 2026″. https://focusnoticias.com/paloma-valencia-y-juan-daniel-oviedo-presentan-su-plan-de-gobier no-colombia-mas-grande-2026/
- Sadin, E. (2018). La silicolonización del mundo: La irresistible expansión del liberalismo digital. Caja Negra.
- Sartre, J.-P. (1995). Anti-Semite and Jew (G. J. Becker, Trad.). Schocken. (Obra original publicada en 1948)
- Steyerl, H. (2009). In defense of the poor image. e-flux Journal, 10. https://www.e-flux.com/journal/10/61362/in-defense-of-the-poor-image/




