Hablar de gordura: entre la discriminación médica y la enfermedad

Más de 100 millones de latinoamericanos son considerados por la medicina como personas que sufren obesidad, condición asociada a otras enfermedades. Sin embargo, hay quienes critican el hecho de que en la salud prime una visión centrada en el peso para hacer diagnósticos, al punto, incluso, de sentir discriminación y mala atención en consultorios médicos.

Fecha: 2023-09-05

Por: Ana María Betancourt Ovalle y Andrés Felipe Pacheco Girón

Ilustración: Wil Huertas (Inspirada en un meme que se hizo viral basado en una imagen de @mxoxlxgxhx)

Hablar de gordura: entre la discriminación médica y la enfermedad

Más de 100 millones de latinoamericanos son considerados por la medicina como personas que sufren obesidad, condición asociada a otras enfermedades. Sin embargo, hay quienes critican el hecho de que en la salud prime una visión centrada en el peso para hacer diagnósticos, al punto, incluso, de sentir discriminación y mala atención en consultorios médicos.

Fecha: 2023-09-05

Por: ANA MARÍA BETANCOURT OVALLE Y ANDRÉS FELIPE PACHECO GIRÓN

Ilustración: Wil Huertas (Inspirada en un meme que se hizo viral basado en una imagen de @mxoxlxgxhx)

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Desde que era niña, Vanessa Monsalve sintió una relación problemática con la comida. Recuerda que escuchaba diariamente preguntas como: “Oye, ¿te vas a comer todo eso?” o “¿eso no tiene demasiada azúcar?”. 

Hoy, Vanessa, de 31 años, trabaja como profesional de proyectos estratégicos en la Universidad de Antioquia en Medellín.  Ha podido sanar las heridas de muchas discriminaciones que ha sentido por tener un cuerpo grande. Pero comer en público sigue siendo un tormento para ella.

“Todavía está esa fuerza que me impide ser capaz de comer en público o que me impide ser capaz de disfrutar una comida sola. Siempre que estoy con mi pareja o con mis compañeras necesito saber que también van a comer y que todos vamos a comer bastante para poder estar tranquila”, cuenta.

Se considera una mujer de cuerpo grande y siente que ha sido víctima de gordofobia. Así se le conoce a la aversión a las personas gordas, que son discriminadas y violentadas por su aspecto físico. Incluso han padecido rechazo y malos tratos en el ámbito médico.

Vanessa cuenta que, en medio de la pandemia, tuvo que ser hospitalizada por covid-19 y estuvo en una unidad de cuidados intensivos (UCI). “La primera impresión de todo el mundo era que yo estaba en UCI y no iba a sobrevivir por mi cuerpo grande y por mi peso”, cuenta.

Con el tiempo, los médicos le diagnosticaron quistes pulmonares y se dieron cuenta de que la razón por la cual estaba en UCI no se debía al tamaño de su cuerpo. 

“Es decir, si hubiera pesado 50 kilos menos igual hubiera estado en UCI porque la infección atacó mis pulmones. Pero todo giró en torno a mi cuerpo y lo mal que era tener un cuerpo grande. Nadie se preguntó qué había en mis pulmones”, explica Vanessa.

Pasó 16 días en una UCI y cuando salió, la gente a su alrededor estaba muy contenta por ella. “Nadie creía que lo iba a lograr. Pero sobre todo estaban felices porque había perdido diez kilos, algo que nunca había logrado en toda mi vida. Recibí comentarios como: ‘Si te hubieras quedado un poco más en UCI hubieras logrado bajar un poquito más de peso’”, cuenta Vanessa.

La mayoría de los profesionales de la salud definen el estado de salud de una persona a partir de su peso, pero casos como el de Vanessa evidencian que la salud se puede ver afectada por otros factores. 

En Mutante hicimos dos ejercicios de conversación con personas que habían sufrido gordofobia y entre los participantes se repitieron testimonios sobre el hecho de que teniendo cuerpos gordos preferían no asistir a consultas médicas o nutricionales, pese a sentir algún malestar, para evitar sentirse discriminados. 

Le pasó a Vanessa y también a Carlos Aranda, de 37 años y quien ejerce como psicólogo clínico en México. Dice que han sido repetidas las veces que se ha sentido discriminado dentro del sistema de salud.

“Que si te duele la cabeza, es el peso; que si te duele la pierna, es el peso; que si tienes la presión alta, es el peso; si estás mareado, es el peso”, dice él.

A principios de 2023, Carlos sintió un dolor en el costado del torso. Decidió asistir al médico particular porque dice que estaba cansado del escrutinio por su cuerpo en el sistema público de salud. Aún así, el diagnóstico de su médico fue que su malestar estaba ligado con su peso y que podía ser grave. 

Luego de una consulta en la que escuchó comentarios discriminatorios, Carlos tomó una postura defensiva y le pidió al médico que sólo le recetara un medicamento para el dolor. El doctor finalizó la consulta diciéndole que debía ir al psiquiatra o al psicólogo porque probablemente su peso podría deberse a una depresión.

“Fui por un dolor en el costado y terminaron siendo cinco posibles diagnósticos muy distintos. Al final fue un médico general fungiendo como internista, como endocrinólogo, como psiquiatra, extendiendo recomendaciones en una visita de 20 minutos, en la que los únicos datos duros que tenía eran mi presión arterial, mi talla, mi peso y mi edad. Salí de la consulta con la sensación de que me iba a morir mañana”, cuenta Carlos.

Después se realizó exámenes, y al final descubrió que lo que padecía era una indigestión aunque el médico había relacionado todo con el tamaño de su cuerpo.

“Hay muchas alusiones a que con la gordura los pacientes se van a morir. Mensajes como: ‘La probabilidad de que usted viva más allá de tal edad es muy baja’, ‘seguramente le van a amputar una pierna porque le va a dar diabetes’. Se hacen predicciones muy fuertes que se dicen con mucha ligereza dentro del escenario de consulta. Y al final estas cosas afectan muchísimo y generan mucho miedo”, cuenta la nutricionista peso-inclusiva y doctora en psicología de la Pontificia Universidad Javeriana, Paola Sabogal. 

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Carlos tomó la decisión de dejar de asistir por completo a consultas con médicos tradicionales. En vez de ir a un nutricionista ha empezado un tratamiento con un bioquímico.

“Hace mezclas muy extrañas y no regula cantidades de comida. Además, las porciones no existen en sus dietas. Pero al final encontré algo que llevo 20 años buscando y fue dejar de tenerle miedo a la hora de la comida, dejar de tener esta sensación de comer menos, y que luego empiece a comer compulsivamente para saciar mi apetito”, cuenta. 

La obesidad vista como enfermedad

En América Latina 105 millones de personas –el 24 % de la población regional– padecían “obesidad” y el número iba en aumento, según un informe de 2019 de organizaciones como la FAO, OPS y UNICEF. En los últimos 25 años, las máximas autoridades de salud, como agencias de las Naciones Unidas y la Organización Mundial de la Salud (OMS), han considerado que este es un problema de salud pública que debe ser combatido con la promoción de “estilos de vida saludable” basados en la pérdida de peso y la actividad física.

Según la OMS, la obesidad y el sobrepeso son factores de riesgo de enfermedades crónicas como la diabetes, el cáncer y las de tipo cardiovascular. Además, son definidas como “una acumulación anormal o excesiva de grasa que puede ser perjudicial para la salud”.

En Colombia, la Ley 1355 de 2009 define la obesidad como “una enfermedad crónica de Salud Pública, la cual es causa directa de enfermedades cardiacas, circulatorias, colesterol alto (…), entre otras, todos ellos aumentando considerablemente la tasa de mortalidad de los colombianos”.

Sin embargo, hay debate dentro del gremio científico y médico sobre cómo abordar la obesidad, en parte porque movimientos activistas y personas gordas en América Latina han denunciado discriminación dentro del sistema médico por el tamaño de sus cuerpos. 

La mayoría de científicos y profesionales de la salud determinan el sobrepeso y la obesidad utilizando el índice de masa corporal (IMC), una medida ampliamente usada que se calcula dividiendo los kilogramos de peso por el cuadrado de la estatura en metros (IMC = peso (kg)/ [estatura (mts)]. Cuando el resultado es mayor a 25 se considera que la persona tiene sobrepeso y si es superior a 30, obesidad.

Gloria Deossa, nutricionista, profesora de la Universidad de Antioquia y vocal académica de COLNUD, el Colegio Colombiano de Nutricionistas y Dietistas, utiliza el IMC y suma otros indicadores: la medida de la cintura (si supera 80 centímetros en mujeres y 90 en hombres, se habla de un exceso de grasa abdominal) y el porcentaje de grasa corporal (mayor a 25 % en hombres y 30 % en mujeres). 

“La obesidad es una enfermedad y es muy compleja, es multifactorial. Tampoco nos podemos relajar con ese tema, porque realmente la persona se enferma con un exceso de grasa que ya el organismo no es capaz de tolerar y puede que esté sano hasta cierta época, pero puede que haya un momento de su vida donde ya se le desencadenan las enfermedades. O está el obeso metabólicamente sano que no manifiesta enfermedades crónicas, pero sí muchas veces altera los huesos, la parte de la rodilla, de los talones”, explica Deossa.

También hay otras posturas. Desde mediados del siglo XX activistas, nutricionistas y otros profesionales han gestado las bases científicas del movimiento Health at Every Size (HAES, en español Salud en todas las tallas), que aboga por la “peso-inclusividad”, un enfoque que provee atención médica neutral con respecto al peso y al tamaño de los pacientes, que afirma que la gordura no es una enfermedad y que no necesariamente es causa de otras enfermedades.

Sobre la validez del IMC, incluso la Asociación Médica Americana (AMA) ha puesto en tela de juicio el uso de este índice como una medida única para determinar la salud, debido a su “origen racista”, que data del siglo XIX cuando el astrónomo belga Adolphe Quetelet lo creó para calcular las medidas del hombre ideal basándose en el tamaño de hombres blancos, y que luego fue ampliamente utilizado a partir de la década de los ochenta. La AMA argumenta que esta medida ha sido utilizada para excluir a poblaciones que no cumplen con el estándar corporal blanco y que es un índice incompleto para definir el estado de salud de las personas.

Respetar a los cuerpos gordos no es promover ‘malos’ hábitos

Cuando Julieth Rojas tenía ocho años y aún vivía en el departamento de Caquetá, fue diagnosticada con sobrepeso. Su pediatra le recetó pastillas para perder peso y dietas restrictivas. A medida que fue creciendo comenzó a sentirse discriminada e ignorada por parte de los profesionales de la salud cuando iba a consulta por un malestar físico.  

“Todos estos años hubo un tema que no necesariamente era por el sobrepeso, sino porque sufro de síndrome de ovarios poliquísticos (SOP).  A nadie se le ocurrió mandarme un examen médico que no fuera para verificar cómo estaba mi tiroides, azúcar, o colesterol. El SOP no lo detectas en un examen de sangre, sino con una ecografía transvaginal”, explica Julieth. 

Actualmente, con 26 años, esta socióloga dice que el peso de su cuerpo ha sido visto por médicos y nutricionistas como determinante de su estado de salud. Eso ha contribuido a que dude en asistir a consultas médicas, incluso cuando se siente enferma. 

La nutricionista “peso-inclusiva” Paola Sabogal explica que este tipo de experiencias hacen que “la persona no quiera asistir a consultas de salud porque toda la interacción se centra en su peso. Al final, muchas dicen que van al médico por un dolor de cabeza y siempre les dicen: ‘baje de peso’, entonces, evitan ir al médico porque ya saben cuál va a ser la respuesta del profesional. Ese miedo y esa evasión a la atención médica limita muchísimo el acceso digno a la salud”. 

Algunos comentarios de la audiencia de Mutante, compartidos en las redes sociales, dicen que las personas que hablan de gordofobia promueven hábitos pocos sanos. Julieth dice que lo que busca al contar su experiencia es que ojalá otros dejen de “juzgar a las personas gordas desde antes de conocerlas, y saber cuál es su salud física y mental”. Considera que actuar contra la gordofobia no es equivalente a promover malos hábitos diarios, sino “cuestionar el hecho de que las personas gordas constantemente han sido arrinconadas por el tamaño de su cuerpo”. 

La nutricionista Deossa aboga por mirar cada caso y analizarlo, y tratar la obesidad. “Hay gente que dice: ‘A mí no me gusta ser muy delgada, me gusta tener cierto volumen corporal’. Entonces, uno trata de ayudarle a esa persona con alimentación, con ejercicio para que mejore o tonifique, y que su porcentaje de grasa se mantenga no muy elevado. Tampoco nos podemos relajar del todo y tolerar una enfermedad como normal, pero tampoco presionar a la gente, porque también podemos llegar a otros trastornos de conducta alimentaria”.

Un debate que sigue

Mutante consultó con Deossa, integrante de COLNUD, sobre su posición frente a estos casos de discriminación por parte de profesionales de la salud. Su respuesta fue que “ante todo hay que respetar a las personas, porque detrás de cada cuerpo hay un ser humano sufriendo”. 

La manera de abordar la obesidad desde la perspectiva médica y nutricional parte de “conversar con la persona hasta qué punto de la pérdida de peso se siente bien y con pautas de alimentación y ejercicio para que mejore y su porcentaje de grasa no esté tan elevado”, explica.

Desde COLNUD hacen un llamado a que todos los profesionales de la salud reflexionen sobre el trato que le dan a los pacientes y a que se basen en la evidencia científica para prevenir el desarrollo de trastornos de la conducta alimentaria o la vulneración de las personas.

En Colombia y México la posición mayoritaria de nutricionistas y médicos es que la obesidad es una enfermedad y debe tratarse incentivando la pérdida de peso. 

La mayoría de autoridades internacionales de la salud argumentan que el sobrepeso y la obesidad incrementan la posibilidad de sufrir de enfermedades no transmisibles, muertes prematuras, trastornos mentales y discapacidades. 

Pese a esta postura, el movimiento Salud en todas las tallas ha hecho una fuerte crítica a esa posición afirmando que no existen estudios que comprueben que el tamaño del cuerpo y el peso son causas directas de enfermedades crónicas, sino que pueden ser factores correlacionados. Y argumenta que tampoco existen estudios que confirmen que la pérdida de peso es segura y se puede mantener en el tiempo.

“Hay muchos errores que se producen por confundir la causalidad con la correlación”, dice la nutricionista Sabogal. “La correlación es la asociación entre dos variables que aumentan juntas, a una tasa constante, pero que no necesariamente tienen incidencia la una en la otra. Mientras que la causalidad es concluir que una variable es producto de otra”, añade.

También se refiere al “estigma de peso” que puede provocar subidas y bajadas de peso, a causa muchas veces de hacer dietas y que también resultan dañinas.

Responder a la pregunta de si la obesidad y el sobrepeso son enfermedades depende del paradigma desde el que se posiciona cada profesional de la salud. El dominante es mirarlas como un problema de salud mundial, con cifras crecientes, y que es necesario combatir. Sin embargo, nuevas posturas se han ido posicionando y cuestionan el carácter verdaderamente patológico de la obesidad y el hecho de que la medicina hegemónica discrimina ciertos cuerpos mientras normaliza y privilegia la delgadez.