La Mojana: aguas superpoderosas

Fecha: 2026-03-31

Por: MUTANTE

Foto:

Charlie cordero

La Mojana: aguas superpoderosas

Por: MUTANTE

Foto:

Charlie cordero

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Hace muchos años, Gabriel García Márquez imaginó el país de las aguas. Un lugar donde las ciénagas abundaban, aún más que la tierra, y donde los seres humanos compartían características con la tortuga hicotea y el caimán. 

Pero ese país no se originó en su mente, está en las llanuras del Caribe colombiano: una parte interna de esa región que tiene mucha agua pero no mar. 

Allí está La Mojana, “el descansadero de las aguas”, como le dicen sus habitantes. 

Una región estigmatizada por el desastre, la etiqueta que suele acompañarla en medios de comunicación y discursos políticos desde el 2010, cuando el dique marginal del río Cauca se rompió y, junto al fenómeno de la niña, generaron inundaciones descomunales. 

Sin embargo, en la práctica, La Mojana ofrece mucho más que eso. Es la zona donde se amortiguan las aguas de los ríos Cauca, San Jorge y Magdalena, y esa es la principal razón de que su naturaleza sea justamente llenarse de agua.

En marzo de 2026 nos propusimos activar una conversación que pusiera en jaque está visión desastrosa de La Mojana. ¿Cuál es el papel que tienen las aguas en ecosistemas especiales como La Mojana, en el Caribe colombiano y cómo se han relacionado los seres humanos con ellas?

Nos preparamos con anticipación. Recorrimos una parte de La Mojana en octubre de 2025, junto al fotógrafo caribeño Charlie Cordero, y preparamos Todas las aguas llevan a La Mojana, un especial periodístico con tres elementos:

En primer lugar, un reportaje escrito que toma al agua como protagonista para hablar de sus ciclos o pulsos. En segundo lugar, una fotogalería que explora distintas dimensiones de la vida riberana, desde el juego hasta la desesperanza. Y por último, un recorrido ilustrado por el río San Jorge, desde la ciénaga de San Marcos (Sucre) hasta la comunidad de Seheve (Córdoba). 

Desde aquí partimos para navegar una conversación durante cinco semanas, a través de once piezas y un videoconsejo virtual, con un alcance promedio de 32.033 personas. 

Esto aprendimos:

Iniciamos la conversación con el gran reto de hablar de La Mojana teniendo un público andino y citadino. Decidimos apelar a un elemento cotidiano: el billete de 20 mil pesos. 

Nuestra primera publicación en esta fase fue un juego que introdujo el sistema hidráulico prehispánico de La Mojana. 

En los comentarios, varias personas expresaron su interés por saber más sobre los canales y camellones, también sobre la forma de organización de la sociedad que los construyó. Otras mencionaron la existencia de infraestructuras similares en otras partes del país, como la sabana de Bogotá: 

@alexandra.intenta

“En la Sabana de Bogotá existían los mismos sistemas prehispánicos llamados zanjas y camellones. Hay una publicación bellísima de María Buenaventura et al nombrada ‘aminos del agua’ que habla de ello”.

El principal hallazgo de esta etapa inicial de conversación fue el sorpresivo interés de la audiencia, incluso alejada de La Mojana, de saber más sobre estas construcciones. Varias personas se preguntaron por la capacidad organizativa de esta sociedad, el papel de las ciénagas y por la vocación agrícola de esa región. 

En esta fase se repitió constantemente la necesidad de ordenar los territorios alrededor del agua, pero trascendiendo la retórica de los discursos políticos y reconociendo la importancia de todos los cuerpos de agua, como las ciénagas y nacimientos:  

@b_e_s_t_i_a_r_i_o_a_n_d_i_n_o

“La Matria de las aguas debe ordenarse alrededor del mandato de las aguas… pero no como slogan político barato, sino como una verdadera voluntad de transformación… antes de que sea demasiado tarde”. 

Finalmente, en esta fase de Hablar tuvimos el videoconsejo virtual El día que las aguas se volvieron desastre, un encuentro de reportería digital y espíritu periodístico, al cual se inscribieron 100 personas y asistieron 35. En este espacio conversamos con Alejandro Camargo, antropólogo y geógrafo; Neila Severiche, técnica ambiental y habitante de La Mojana; y Jorge Escobar, director del Instituto Javeriano del Agua. 

El espacio giró alrededor de preguntas como ¿qué podríamos decir sobre los usos de las tierras y las aguas en los “espacios mixtos” donde es difícil diferenciar las unas de las otras? ¿Qué tipo de construcciones se han priorizado para estos espacios y cuáles han sido sus consecuencias para los ecosistemas?

Durante casi dos horas abrimos una entrevista que transitó hacia una conversación espontánea entre varias personas que se reconocieron: mojaneras de nacimiento y mojaneras de corazón. 

“A pesar de toda la imagen de La Mojana como de desastre, es una región donde la vida está en todo su esplendor. Y una de las razones por la que es tan fértil es esa relación entre la tierra y el agua: las inundaciones llevan muchos nutrientes a la tierra”, dijo Camargo en una de sus intervenciones. 

A partir de una cronología coral, mostramos que la historia de las aguas como “catástrofe” es también la historia del “desarrollo”: una mirada que privilegió la idea de que tener tierra es más importante que tener agua y la arbitrariedad de los límites administrativos que terminan fragmentando los ecosistemas. 

Nuestra relación andina es algo central de nuestra relación problemática con el agua”, afirmó Juana Camacho, una investigadora con más de una década de experiencia en La Mojana, y quien participó en el videoconsejo. Para ella esto ha determinado que se implemente sistemáticamente soluciones e intervenciones que no comprenden del todo lo que ocurre en la localidad. 

Los principales hallazgos de este espacio fueron:

  • Los discursos de “desarrollo” y de “productividad” han sido uno de los motores para transformar nuestra relación con las aguas.
  • Es imposible comprender las dinámicas de las aguas sin observar lo que ocurre en las tierras, aún más en lugares como este donde los límites de ambas cosas cambian constantemente. 
  • Para ordenar un territorio alrededor del agua es necesario preguntarnos por lo que cargan esas aguas. En el caso de La Mojana, los ríos traen una enorme cantidad de sedimentos (materiales como arcilla o arena, que viajan con las aguas) y cualquier intervención debería preguntarse qué hacer con ellos. 
  • Los “desastres ambientales”, como las inundaciones repentinas que ocurrieron en 2010 y 2021 en La Mojana, han tenido consecuencias en la salud mental de las personas mayores. 

Este fue el punto de partida para la fase Comprender. 

Muchas de las intervenciones humanas con las aguas han estado mediadas por la intención de detenerlas, desviarlas o secarlas. 

Esto se ha hecho a través de construcciones rígidas como terraplenes, diques o jarillones que modifican los ciclos de las aguas, prolongando las inundaciones y haciéndolas imposibles de prever.

Ese es el caso del dique marginal del río Cauca en La Mojana, que se rompió por última vez en 2021 en el sector conocido como Caregato (entre los municipios de Nechí y San Jacinto del Cauca). Desde entonces, varias poblaciones mojaneras permanecen bajo el agua. 

@ambatistam

“Todos los años, querer domesticar al río tiene sus consejos. Soy de la sabana también, no recuerdo desde niña un solo año sin damnificados. ¿Y si aprendemos a vivir con las planicies de inundación como lo hacen los llaneros?”.

En este punto logramos conectar la conversación con la gran coyuntura de las inundaciones en Córdoba, una región cercana en términos geográficos pero con intervenciones distintas. 

Así, hicimos un contenido para comprender las estructuras de cemento o piedras que se han popularizado en lugares del caribe interno, como Córdoba. 

¿Por qué Córdoba se inundó en febrero de 2026 pero La Mojana no? Porque las ciénagas cordobesas han sido intervenidas por terraplenes construidos por ganaderos. Algo que ha bloqueado el flujo natural de las aguas. 

Entonces, ¿qué hacer en lugares como La Mojana, donde una gran cantidad de agua hace parte del paisaje? Para responderla, nos remitimos a quienes lo hicieron bien miles de años atrás. Explicamos la tecnología prehispánica detrás de los camellones, canales, túmulos mortuorios y plataformas de vivienda que construyeron las comunidades prehispánicas en 500 mil hectáreas: doce veces el área urbana de Bogotá. 

En los comentarios, algunas personas nos contaron otros casos similares: 

@chinampo_biologo

“En México tenemos a las chinampas, unidades agrícolas productivas y habitacionales que se levantaron sobre los lagos”. 

@giuliosalvadio

“En Barinas, Venezuela, pueden encontrarse los mismos montículos”. 

Estos fueron ejemplos claros entregados por nuestra audiencia sobre cómo la intervención humana y los paisajes antrópicos no siempre son problemáticos. 

Otras personas señalaron las amenazas a las que pueden estar expuestos estos sistemas:

@gabrielramirezpalma 

“Ese sistema hidráulico de camellones también existió en Bogotá, pero fue arrasado por la potrerización y la urbanización, actualmente quedan pocos relictos, el más conservado está en Guaymaral pero a punto de ser urbanizado”. 

Uno de los principales hallazgos de esta fase fue comprender que estamos ante una realidad con tres elementos complejos: 

  • Una idealización de las construcciones prehispánicas.
  • La construcción de estructuras “rígidas e ingenieriles”, como mencionó Juana Camacho, impulsadas por instituciones como el Fondo de Adaptación y la UNGRD, que no entienden los ecosistemas completos
  • Las construcciones espontáneas o improvisadas hechas por las mismas comunidades para controlar las aguas. 

Para hacer una bisagra de estos elementos de comprensión con la fase de Actuar publicamos el test ¿Qué tipo de agua eres?’.

Perfilamos seis aguas presentes en La Mojana: la de humedal, “indispensable pero ignorada”; la de ciénaga, “muy apetecida”; la de los caños, “fanática de la igualdad”; la del río Cauca, “el dolor de cabeza de muchos”; la del río San Jorge, “amante de lo ancestral”; la del río Magdalena, “no sabes decir que no, recibes todo”. 

En los comentarios, algunas personas de la audiencia resaltaron la importancia de reconocer las aguas subterráneas, también la relevancia de seguir conversando sobre la presencia de metales pesados y de reivindicar los caños, pues muchas personas creen que son lugares para depositar basura. 

Este arco narrativo nos permitió exponer el valor del ecosistema de La Mojana. Más allá de las noticias sobre el desastre, la historia de la relación entre las aguas y los humanos, las distintas intervenciones que se han hecho para “domesticarlas”, la conversación nos llevó a  la necesidad de comprenderlas como muchos mojaneros lo han hecho durante siglos: como una compañera que trae ciclos y no como agente del desastre. 

Esta conversación no solo ocurrió en redes sociales, también trajo una importante cantidad de mensajes internos de gran calidad. 

Por ejemplo, Camilo Barrera, un politólogo que hizo su trabajo de grado sobre La Mojana, nos escribió por WhatsApp:

“Durante generaciones, las comunidades han desarrollado saberes locales que les permiten habitar este entorno: viviendas sobre pilotes, movilidad fluvial, prácticas productivas ajustadas a los ciclos de inundación. Este conocimiento no es marginal, es un activo estratégico para pensar el desarrollo sostenible”. 

Asimismo, Juana Camacho nos escribió que varios de los contenidos estaban circulando por WhatsApp, entre quienes no tienen otras redes sociales:

“Me acaban de compartir varias piezas de Mutante sobre La Mojana, muy bellas… ya las he circulado profusamente por acá porque yo no tengo redes… Muchas gracias por visibilizar esa región desde ópticas diferentes. Es muy necesario”.

Aunque para muchos mojaneros las aguas han sido una bendición y, como afirma don Miguel Severiche, el protagonista del reportaje y nuestro guía en La Mojana, “todos aman sus tierras, así tengan agua”, una gran parte de la población ha padecido las consecuencias de la mala planificación, reflejada en la permanente inundación. 

Entonces, llegamos a la fase Actuar con un mensaje contundente: Soy anfibio, pero también me canso de nadar

Fue el momento para cuestionar el concepto propuesto por el sociólogo Orlando Fals Borda: el hombre anfibio. 

Es fundamental reconocer la importancia de esta característica para la región de La Mojana, al mismo tiempo es urgente reivindicar que para algunas comunidades esta etiqueta se ha convertido en una excusa institucional para no ofrecerles mejores condiciones de vida. 

@negro_lozano95

“Lo icotea o anfibio no es solamente una categoría sobre la relación entre agua y tierra sino fundamentalmente sobre las diversas formas de resistencia, subversión y construcción comunitaria de una vida otra”. 

@__cefiro 

“La discusión debería centrarse en una pregunta clave: ¿qué pasaría si lo anfibio no existiera? Su ausencia dejaría de evidenciar la desconexión en la planeación, que aún no entiende lo anfibio como cultura ni como ecosistema integral, y seguiría validando sistemas homogeneizantes y fragmentados”. 

El recorrido de la conversación nos dejó muy clara la importancia de pensar nuestra relación con las aguas desde un lugar distinto a la domesticación. 

Por eso, la baraja, la última pieza de #HablemosDeLaMojana, recogió cinco claves que reunimos durante esta reportería y que nos permiten ver el agua como elemento activo de los paisajes, más como fuente de poder y no de desastre. 

Aunque esta conversación nos llevó a explorar la relación con las aguas de una manera generalizada, las preguntas alrededor de un paisaje tan intervenido como el de La Mojana siguen abiertas para la conversación futura:

  • ¿Cuál es el tipo de desarrollo que se impulsa para estas regiones y cómo se determina? 
  • ¿A quién beneficia ese tipo de desarrollo en las regiones donde el agua es protagonista?
  • ¿Es posible replicar el sistema prehispánico de canales y camellones en otros lugares de Colombia?
  • ¿Cómo proteger este sistema hidráulico ancestral de las actuales amenazas, especialmente cuando muchas proviene de las propias actividades económicas de la región?
  • ¿Es necesario pensar en un ordenamiento territorial alrededor de las aguas o alrededor de los sedimentos?
  • ¿Cómo hacer las paces con los paisajes en donde no se puede separar la tierra del agua?
  • Y ante todo, ,es clave que otros fenómenos socioambientales complejos entren a la conversación: ¿cómo afecta la minería río arriba las dinámicas hidrosociales que ocurren río abajo?

Esta conversación, profundamente retadora por la distancia geográfica y cultural que hay entre este tema y los públicos más citadinos, tuvo un total de 18.961 me gusta y sus piezas fueron guardadas en 3.504 ocasiones. Además, 119 personas participaron activamente, es decir, comentaron las piezas o asistieron al videoconsejo. 

Los contenidos con mayor interacción fueron los que referenciaron la tecnología de canales y camellones construida por las comunidades prehispánicas, lo cual denota un gran interés por parte de las audiencias de conocer más sobre estas construcciones y su funcionamiento ancestrales. 

En otras piezas se logró activar la conversación a través de preguntas generales, que apelaran a la experiencia de cualquier persona con los ríos: 

@camii.mruiz

“El paseo de olla con toda la familia y correr detrás de la chancla. Gracias al río”. 

@linadelmar8

“Caminar por el río, sentirlo y dejar que la corriente vaya fluyendo. Compartir con los amigos pan, salchichón y limón con guandolo”. 

Por otro lado, gran parte de las personas que participaron trajeron recomendaciones para nutrir la conversación: mencionaron sus propias investigaciones, así como otras páginas web, videos o artículos académicos que hablan sobre La Mojana o que proponen lecturas novedosas sobre las aguas en los territorios. 

Así, es posible determinar que hay un nicho académico y comprometido con esta conversación. En este sentido, Instagram fue un canal interesante para identificarlo. 

Sin embargo, otras personas que viven en la región, por ejemplo, manifestaron la necesidad de hacer mayores esfuerzos para distribuir los contenidos por WhatsApp, porque no tienen otras redes sociales. 

Aún así, esta comunidad sí llegó al videoconsejo convocado a través de Google Meet, lo cual podría ser un hallazgo interesante para definir futuros espacios para conversar con esta audiencia e impulsar su interacción con la más académica. 

La historia de la relación entre los seres humanos y las aguas tiene muchos capítulos pero, casi siempre, un mismo marco narrativo: la visión de la dominación o la domesticación. 

Encontramos una audiencia dispuesta a reconocer que las intervenciones propuestas desde esta visión han fragmentado territorios enteros y que es fundamental conocer formas alternativas a través de las cuales las comunidades han gestionado la vida junto a las aguas, fuentes de poder que, al igual que los seres humanos, transforman espacios, conflictos y relaciones.