¿Y si el reclutamiento parece una historia de amor?

Las redes sociales revolucionaron las tácticas de los actores armados para reclutar y también para coquetear. De hecho, en algunos casos se utilizan para ambas cosas. La idea del amor y de lograr una relación atrae cada vez a más niñas y adolescentes a vincularse a estos grupos, desafiando las explicaciones más tradicionales de los motivos por los cuales persiste el reclutamiento. 

Fecha: 2026-08-24

Por: Natalia Duque Vergara

Ilustración por:

@Matildetil

¿Y si el reclutamiento parece una historia de amor?

Las redes sociales revolucionaron las tácticas de los actores armados para reclutar y también para coquetear. De hecho, en algunos casos se utilizan para ambas cosas. La idea del amor y de lograr una relación atrae cada vez a más niñas y adolescentes a vincularse a estos grupos, desafiando las explicaciones más tradicionales de los motivos por los cuales persiste el reclutamiento. 

Fecha: 2026-08-24

Por: NATALIA DUQUE VERGARA

Ilustración por:

@Matildetil

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Sofía se enamoró de Yessid por Facebook y a los cuatro meses se sumó a él en la guerra. Ella nació y creció en una comunidad indígena de un municipio en el sur del Caquetá, donde hacen presencia varias facciones de las disidencias de las Farc, según le dijo a Mutante una lideresa de la comunidad en la que entonces vivía Sofía. 

Aunque ella nunca había visto a Yessid en persona, sí lo conocía por fotos, y unas pocas veces, cuando él tenía permiso, le escuchó la voz por llamada. Él, con 19 años, estaba en las filas de unas disidencias, un asunto que mantenía público a través de sus redes. 

Luego de chatear todos los días durante varios meses en 2024, y de mantener una relación romántica, Sofía, de 15 años, no quería más estar separada de su novio. Finalmente, accedió a la propuesta de Yessid, quien le insistía constantemente para que se sumara al grupo y así, finalmente, poder estar juntos. Actualmente, Sofía continúa vinculada al grupo.

Para ella fue un acto de amor; para algunos expertos es un caso de “reclutamiento a través del enamoramiento”, una de las estrategias utilizadas por actores armados para atraer especialmente a mujeres jóvenes a sus filas.

Este mecanismo lo explican varias fuentes que conversaron con Mutante a lo largo de esta reportería. Las conversaciones y entrevistas se llevaron a cabo con expertos de observatorios académicos (Fundación Core, Mi Historia, Coalico, Hasta Encontrarlas) o que han participado de informes de organizaciones no gubernamentales que trabajan al respecto (Vivamos Humanos, Fundación Ideas para la Paz, Crisis Group), y con personas que hacen parte de comunidades o han hecho trabajo de campo sobre este tema en Caquetá, Cauca y Norte de Santander, algunos de los departamentos más afectados por el reclutamiento de menores de edad. 

Sofía no es la primera niña indígena que se enamoró de un miliciano o de un comandante y después se unió al grupo. En otra comunidad cercana a la de ella, a orillas del río Caquetá, ocurrió otro caso de dos niñas que “se enamoraron de muchachos que ya estaban allá” y así fueron reclutadas en el segundo semestre de 2025, según le contó a Mutante una reportera caqueteña que ha trabajado con varias comunidades indígenas de la región y que prefiere mantener su anonimato y el de sus fuentes por motivos de seguridad. 

Esta misma historia se ha repetido en el Cauca, como lo evidencian testimonios recopilados por la organización Vivamos Humanos para el informe ‘El algoritmo en el conflicto armado’. El documento, publicado en diciembre de 2025, cuenta que otra niña de 15 años, la misma edad de Sofía, conoció a un hombre de unos 30, “se enamoró y se fue con él”. 

Con estos casos, la historia del reclutamiento trasciende los ángulos desde los cuales se ha explicado tradicionalmente. 

Esta modalidad de que “las enamoran y se las llevan” o que “se enamoran y se van”, como expresó la reportera caqueteña y como lo menciona el voz a voz en las comunidades, complejiza los mecanismos de captación que se utilizan para que las niñas se vinculen a grupos armados. Además, abre preguntas sobre cómo se configuran y cómo son los ideales del amor y de las relaciones románticas, especialmente en las niñas y adolescentes.

La estrategia del enamoramiento

La mayoría de los análisis sobre el reclutamiento han puesto la mirada en variables como la pobreza, la deserción, la violencia intrafamiliar y, en general, la ausencia estatal, para comprender por qué hay poblaciones más vulnerables al reclutamiento. 

Sin embargo, para Daniel Echeverry, abogado y sociólogo de la Universidad Nacional, quien ha investigado y publicado artículos académicos sobre el tema, aunque todo esto es cierto, actualmente “esas explicaciones son insuficientes para entender por qué el fenómeno persiste, incluso cuando algunas de esas condiciones (educación, seguridad) mejoran parcialmente”.

La Coalición contra la Vinculación de Niños, Niñas y Jóvenes al Conflicto Armado en Colombia (Coalico) en 2025 verificó 317 casos de vinculación de niños y niñas a grupos armados ilegales, principalmente en Norte de Santander, Caquetá y Guaviare. 

Pero la cifra más reciente es de la Defensoría del Pueblo, la cual asegura que entre enero y mayo de este 2026 se registraron 51 casos, principalmente en Norte de Santander, Cauca y Antioquia. 

Según Kyle Johnson, investigador de la fundación Conflict Responses (Core), la cual busca aportar a la comprensión de los conflictos armados y la construcción de paz en Colombia, sí hay indicios de que el reclutamiento y la vinculación de niños, niñas y adolescentes a grupos armados ilegales va en aumento. 

A lo largo de su trabajo en campo, Johnson ha escuchado constantemente sobre niñas que han sido seducidas por comandantes y que terminan haciendo parte del grupo bajo la promesa de ser sus novias. 

Un reporte de Crisis Group también expuso la “trampa de las promesas de amor” en regiones como Cauca y Caquetá. Esta ONG, integrada por expertos que investigan crisis en distintos lugares del mundo, publicó el 12 de febrero de este año el informe “Menores en el frente de batalla: detener el reclutamiento infantil en Colombia”

“Una estrategia muy común consiste en intentar que se ‘enamoren’ de un integrante del grupo”, dice el informe; líneas seguidas cuenta que una niña de 14 años en el Caquetá se fue para el grupo armado, y aunque fue rescatada por su familia, “el mismo hombre volvió a contactarla por WhatsApp y ella abandonó su hogar por segunda vez”.  

Hilda Molano, de Coalico, lo llama “utilización emocional” refiriéndose a las relaciones que establecen los miembros de grupos armados con las niñas en los territorios. Asegura que han monitoreado casos específicos, más que todo en el norte del Cauca y el sur del Valle del Cauca, zonas con más influencia de las disidencias de las Farc. 

De acuerdo con Coalico, las niñas vinculadas suelen ser menores que los niños. En el caso de estos últimos, el reclutamiento ocurre, mayoritariamente, entre los 13 y los 14 años hacia adelante, mientras que el de ellas está entre los 12 y los 14 años. Una vez ingresan al grupo, según cuenta Molano, suelen tener un rol muy activo en la identificación y el reclutamiento de nuevos miembros. 

Un follow, un like, un mensaje

Los videos de cumbias caqueteñas son un hashtag con muchas publicaciones en TikTok. Scrolleando, luego de las cumbias llegan los videos de camionetas, travesías de motos en trochas, panorámicas de cultivos de coca, pasacalles de grupos armados ilegales, hasta un video de una zona rural con una voz en off que dice: “¿Alguien quiere trabajar con nosotros? No necesita experiencia”. 

Ese video tiene 1419 comentarios y la gran mayoría se pregunta cómo se puede ingresar, a dónde tienen que llegar, qué hay que hacer y cuánto es la paga. Otros también manifiestan que ese es su sueño, que quieren pertenecer y preguntan si también aceptan mujeres. 

Si bien esta es una propaganda directa para hacer parte de un grupo armado que no se específica, estos ofrecimientos suelen ser un poco más discretos, aunque con la misma cantidad de comentarios. 

Para Hilda Molano ahora no hay un solo informe sobre reclutamiento que no contemple el uso de las redes sociales. Los primeros registros de estos casos se dieron en 2019 y la pandemia los agudizó. Durante este periodo la conectividad se volvió una prioridad para que los niños pudieran recibir clases virtuales. 

“Nos subimos muy rápidamente al ambiente virtual sin pensar mucho en los efectos que iba a traer y qué significaría que nuestra cotidianidad estuviera tan marcada por el uso de redes sociales”, asegura Catalina Moreno, codirectora de Fundación Karisma, una organización que trabaja en investigación e incidencia en los temas que cruzan tecnología, derechos humanos y justicia social. 

TikTok y Facebook se han convertido en los principales canales utilizados para este fin, asegura Molano, de Coalico. Sin embargo, la publicación en sí no es lo más preocupante, sino las interacciones a las que da pie. “Un video, por ejemplo, puede ser el facilitador de las conversaciones entre el reclutador y los niños y las niñas”, afirma. 

En últimas, las redes sociales han activado la posibilidad de conocer personas que no se han visto antes y de mantener una relación con ellas. Estas características han sido muy funcionales para las dinámicas de enamoramiento. 

De hecho, en su informe, la organización Vivamos Humanos asegura que “las redes sociales han abierto la puerta a nuevas formas de captación emocional” basadas en imaginarios asociados a la familia, el cuidado y el amor.

En este contexto, los canales pueden tener dos usos. En primer lugar, facilitan el acercamiento a las niñas, y en segundo lugar son una vitrina para identificar sus gustos, deseos y preocupaciones. “Llegan con la oferta específica que la niña necesita”, cuenta Molano. 

Vivamos Humanos asegura que estas prácticas refuerzan estereotipos patriarcales y de género que “instrumentalizan el cuerpo y la emocionalidad” de las niñas. Varias de las fuentes consultadas para este reportaje mencionaron el ofrecimiento de procedimientos estéticos con garantías de salubridad y tratamientos de ortodoncia. 

Ya saben lo que quieren o lo que está “de moda”, así que “llegan prácticamente con la mitad del trabajo hecho para convencerlos, para persuadirlos… Es una dinámica complementaria que termina siendo muy efectiva”, asegura la directora de Coalico.  

Entre este inventario de gustos y deseos expresados por las niñas en redes sociales también están el amor y el interés de tener una relación afectiva con unas características que, nuevamente, se ven  permeadas por lo que aparece y lo que ellas ven en las redes sociales.

Emoji de ninja y un corazón

Sigiloso, clandestino, masculino y ágil. Son todas características de la figura del ninja (🥷🏼), uno de los emoticones más utilizados en las publicaciones de TikTok y en los perfiles de hombres que aluden a los grupos ilegales y a la vida armada. En algunos casos están acompañados de águilas (🦅; representan a los “halcones”, como se nombran los sicarios en países como México) o de otros alusivos al dinero (💸, 💰).

En julio de 2026 la Fundación Mi Historia publicó el informe final de una mesa multiactor sobre el reclutamiento en entornos digitales. Allí identificó la “masculinidad del duro” como una de las narrativas de reclutamiento más repetitivas en redes y que se expresa con el emoticón del ninja. 

Existe numerosa literatura que explica cómo una sociedad produce un tipo de masculinidad que resulta deseable para las jóvenes porque es “exitosa” y “legítima”. En muchos casos este ideal suele estar asociado a atributos como la fuerza, el prestigio, el poder y la protección. 

Para Mathew Charles, director de la Fundación Mi Historia, la cual acompaña a jóvenes en su desvinculación de grupos armados, las necesidades que tiene un ser humano a esta edad (adolescencia) son claves. Para él, se trata de una combinación de factores que llegan en la adolescencia, un momento en el que “lo que estamos realmente buscando es amor”. 

La adolescencia es un momento en el que se está gestando la propia identidad, para la cual, según Charles, quien además ha sido investigador y profesor en el Observatorio de Crimen Organizado de la Universidad del Rosario, las relaciones y el entorno son determinantes. Durante esta etapa prima el deseo de pertenencia, amor y cuidado, el cual es aprovechado por actores armados. 

Otra de las grandes narrativas que el informe de Mi Historia observó alrededor de la captación —paso previo a la vinculación y al reclutamiento— precisamente tiene que ver con el ofrecimiento de pertenencia y de identificación. “Esta narrativa se activa especialmente en interacciones privadas, donde el reconocimiento individual, la confianza y el secreto funcionan como mecanismos de vinculación progresiva”, dice el informe.

Laurence Steinberg, especialista en el desarrollo psicológico adolescente y autor del libro Adolescencia, uno de los clásicos al respecto, escribió que desde los diez años empieza a aumentar la plasticidad cerebral; para él, la adolescencia es tan importante para la reorganización cerebral como lo son los primeros tres años de vida. Finalmente, este desarrollo termina por completarse a los 25 años de edad.

Seguro muchas personas recuerdan la profundidad del amor y el deseo de enamorarse durante los primeros años de la adolescencia. Esto se relaciona, según Steinberg, con esta maduración cerebral y con la construcción de una identidad por fuera del escenario familiar. Los cambios en el cerebro hacen que las emociones sean más intensas. 

Por eso, el enamoramiento es un proceso eficaz pero al mismo tiempo lento, pues se necesitan varios meses e interacciones regulares para concretar la vinculación. Este es uno de los grandes cambios de las dinámicas de reclutamiento, según Johnson, de la Fundación Core. Ahora es una evolución más lenta en la cual las redes sociales también son importantes. 

La cooptación del deseo

Cuando dos niñas de una comunidad indígena de Caquetá se fueron para el monte, las mayoras decidieron ir a buscarlas. Ellos, los del frente, dijeron que no podían hacer nada porque ellos no las obligaron, sino que fueron ellas quienes decidieron unirse, cuenta la periodista caqueteña que se acercó a esa historia. 

La Jurisdicción Especial para la Paz (JEP) identificó que al menos 18 677 niños, niñas y adolescentes fueron víctimas de reclutamiento durante el conflicto armado por parte de las Farc. Sin embargo, en esa instancia transicional solo se han acreditado 2025 víctimas individuales, apenas el 11 %. 

Aunque estos datos referencian lo que ocurrió durante el accionar de las antiguas Farc-EP, antes de que firmaran el Acuerdo de Paz hace diez años, el subregistro es algo que se mantiene hasta las dinámicas de reclutamiento en la actualidad. 

Se trata de uno de los mecanismos más difíciles de rastrear en el conflicto pues, además de las limitaciones técnicas para conocer los casos, en muchas ocasiones quienes fueron reclutados y reclutadas no se ven a sí mismas como víctimas, pues los episodios en los que ocurre de manera explícitamente forzada son la minoría, asegura Mathew Charles, de Mi Historia. 

Según él, cuando hablamos de reclutamiento la expresión de “forzado” no se relaciona, en su mayoría, con la presión de los grupos armados, sino con el contexto. “Sí es forzado, pero la pregunta es por quién”, afirma Charles; “es una guerra cultural, de narrativas”. 

De hecho, Johnson, de la Fundación Core, complejiza aún más la conversación y se pregunta hasta qué punto hablamos de que se trata de algo realmente forzado cuando hay un proceso de seducción que presenta algo deseado, como la venganza o el amor.

Para Daniel Echeverry, debe haber una reflexión por las aspiraciones de las niñas, las cuales son “completamente legítimas debido a la cultura en la que nos encontramos”. El amor, al igual que el dinero y el ascenso social en los casos más estudiados sobre las motivaciones para unirse a grupos armados, es un anhelo.

“Ellos no inventan deseos desde cero, sino que se apropian de ellos”, asegura Echeverry. Y el deseo está vinculado a numerosos factores (contexto familiar, creencias, redes sociales) que influyen en las características y la relevancia de ese objeto, en este caso, las relaciones y el respaldo sentimental. 

Al referirse a las niñas y adolescentes que se vinculan a los grupos para seguir su amor, la reportera caqueteña consultada en este reportaje asegura que “ellas son chicas como nosotras que nos han enseñado que toda nuestra vida gira alrededor del amor”. De hecho, para muchas de ellas ya es momento de pensar su futuro alrededor de una relación, pues “en los resguardos pasa mucho que ya tienen 15 años y los adultos están incitándolas a tener hijos, familia”, cuenta. 

Muchas de ellas buscan relaciones con características como la protección, el reconocimiento, el estatus. Por eso, para Daniel Echeverry, al hablar sobre reclutamiento, “no basta con preguntarnos qué oportunidades faltan, también debemos preguntarnos quién está construyendo hoy los referentes de éxito, prestigio y pertenencia para muchos de esos jóvenes”.

Actualmente, lo que deseamos es lo que está a la vista y por eso las redes sociales tienen un papel central. Maira Pereira, socióloga y creadora de Miss Política, una plataforma que analiza la intersección de política, sociedad y cultura, asegura que esto responde al momento cultural que estamos viviendo cuando lo aspiracional se define en la digitalidad. Allí “el camino ‘más duro’ no es el camino más atractivo para los jóvenes”, dice.

Así, los actores armados aparecen como opción para satisfacer esas aspiraciones con mayor rapidez, eficacia y visibilidad que las instituciones estatales o los caminos que la sociedad concibe que son legales. “Ahí es donde debe estar la comprensión del reclutamiento”, asegura Echeverry. 

Reconocer la seducción

El Comité de Seguimiento de las recomendaciones de la Comisión de la Verdad aseguró en su último informe, publicado el 2 de julio de 2026, que, a pesar de medidas que se han tomado, como la ampliación de la cobertura educativa, el reclutamiento sigue activo y su persistencia “es la garantía de no repetición incumplida más visible del periodo”. 

En mayo de este año la JEP aseguró que cada 48 horas un niño, niña u adolescente es reclutado en Colombia. Este dato hace parte del informe Red-clutamiento en el posacuerdo, publicado inicialmente por la JEP en mayo de 2025. Pero, debido al subregistro, estos números podrían ser mayores.

Este escenario pone de presente una pregunta incómoda pero necesaria: ¿Por qué está dinámica se ha mantenido si la oferta institucional y algunas condiciones de acceso a la educación y seguridad han mejorado de manera parcial? 

Echeverry plantea que, aunque estas políticas son muy importantes, la prevención no va a ser exitosa si no se incluye la perspectiva afectiva y relacional. “Hay un aspecto que las explicaciones tradicionales han subestimado y es que los seres humanos no buscamos únicamente ingresos. Los grupos armados entienden esa dimensión”, asegura. 

Unicef asegura que el reclutamiento no puede entenderse como una decisión voluntaria, sino que está mediada por dinámicas de coerción. A partir de esta perspectiva se han enfocado la mayoría de acciones para prevenirlo, buscando aumentar el pie de fuerza militar o brindar nuevas “oportunidades” laborales y educativas para que las niñas y los niños no se vean forzados a integrar un grupo armado.

Y aunque este enfoque es fundamental para que, en términos legales, los niños, las niñas y los adolescentes sigan teniendo calidad de víctimas siendo menores de edad, es un planteamiento que se queda corto para entender el fenómeno social y plantear soluciones más efectivas. 

Es decir, se debe mantener la visión jurídica que mantiene en el centro la “fuerza”, pero no se puede trasladar al análisis sociocultural, pues el planteamiento de las políticas partiría de una ficción legal y desconocería la agencia y la seducción que también pueden ser protagonistas en estos procesos. Esto significa “reconocer que los grupos armados desarrollan estrategias deliberadas para hacer atractiva su oferta, antes de recurrir a mecanismos activos de coerción”, apunta Echeverry.

Tanto el informe de la JEP como el de la Fundación Mi Historia priorizan como recomendación el fortalecimiento de medidas para resignificar los imaginarios de éxito ligados a las armas. Es decir, no solo se trata de desmentir información o alertar sobre las tácticas y discursos utilizados para la seducción, sino también de construir narrativas propias que conecten con la realidad, las necesidades y los deseos de las niñas. 

Así, si las niñas se van hacia los grupos armados porque siguen la idea de una relación romántica o de lo que pueden conseguir a través del “amor”, el solo hecho de construir una nueva escuela no va a marcar la diferencia.  

Por ahora, es central reconocer que, más allá de que los grupos armados ocupen lugares que no ocupa el Estado, también ocupan algo que es aún más difícil de disputar: las jerarquías, el reconocimiento, la autoestima y las formas de amar. 

*Este texto, escrito en el marco de la conversación digital #HablemosDeLasNiñas, no busca restar agencia a las mujeres que deciden sostener una relación con integrantes de un grupo armado ilegal, ni estigmatizar las historias de sincero afecto que han vivido cientos de parejas en el conflicto. En cambio, se propone mostrar cómo operan los referentes románticos en las niñas y adolescentes menores de 18 años, en casos de vinculación a estos grupos.