Acá no soltamos a nadie
¿Cómo responder a la estrategia eficaz de una ultraderecha decidida a cambiarlo todo? No engancharse en esa dinámica destructiva, proponen la directora y la editora de Revista Anfibia. En esta columna recuperan las lecciones del triunfo de Javier Milei en Argentina y proyectan siete ideas para articular una resistencia deseante y colectiva capaz de plantarle cara al futuro.
Fecha: 2026-07-17
Por: Por Natalia Arenas y Leila Mesyngier - Revista Anfibia
Ilustración por: Matildetil (IG: @matildetil)
Fecha: 2026-07-17
Acá no soltamos a nadie
¿Cómo responder a la estrategia eficaz de una ultraderecha decidida a cambiarlo todo? No engancharse en esa dinámica destructiva, proponen la directora y la editora de Revista Anfibia. En esta columna recuperan las lecciones del triunfo de Javier Milei en Argentina y proyectan siete ideas para articular una resistencia deseante y colectiva capaz de plantarle cara al futuro.
Por: POR NATALIA ARENAS Y LEILA MESYNGIER - REVISTA ANFIBIA
Ilustración por: Matildetil (IG: @matildetil)
1. Una lloradita y a seguir porque la que se queda quieta, pierde.
¿Estamos todas? ¿Estamos bien? Pasamos lista, miramos al costado, asumimos el golpe —ganó la ultraderecha—. Pero sabemos que si nos quedamos quietas corremos el riesgo de quebrarnos, entonces reafirmamos: acá no se suelta nadie. Eso hicimos el 20 de noviembre de 2023, cuando en la redacción de Anfibia nos enteramos del triunfo de Javier Milei. Anticipamos que los próximos serán años de resistencia, de pañuelos atados como bandera, de sujetos sociales y políticos construyendo un nuevo tiempo, un nuevo “nosotrxs”. Este movimiento democrático sigue vivo, puede crecer si continúa activo, preocupado, interesado, tal como quedó claro en el último tramo de la campaña electoral. Entonces hacemos lo que mejor nos sale: periodismo. Preguntamos, observamos, investigamos, analizamos. Honrando a Rodolfo Walsh, damos testimonio en tiempos difíciles.
2. No daremos todas las batallas, elegiremos las que importan.
Los gobiernos de ultraderecha vienen con artillería pesada y tienen una estrategia bastante eficaz: bajo el discurso de que el cambio será total, todos los días anuncian una nueva propuesta destructora. Algunos son proyectos reales, otros son intentos de expandir el miedo. Cada novedad nos provoca la cuota de conmoción diaria y un desgaste constante que sólo nos paraliza y nos deja atoradas en medio de la niebla. No, no nos enganchemos en esa dinámica destructiva, es vital que pensemos con claridad si nos proponemos hacerle frente a la derecha. Guardemos energía para pelear por lo verdaderamente importante y transformador. Y, además, somos casi la mitad de la población. ¡Un montón!
3. No nos quedemos solas ni atrapadas en las redes sociales.
Las redes nos dieron muchas satisfacciones (reforzamos o actualizamos viejos vínculos, construimos nuevos, difundimos y visibilizamos causas nobles, hicimos comunidad), pero también, en muchos casos, son multiplicadoras del odio. El scrolleo juega en contra de nuestra salud mental. Estar conectadas todo el tiempo nos aleja de lo verdaderamente importante y de lo que nos hace bien: buscar compañeras, salir con amigas, ir a visitar a la familia (biológica o elegida). Y algo fundamental: no nos juntamos sólo para apapacharnos y lamentarnos, nos juntamos también para esperanzarnos.
4. Deseamos tener deseos.
Lo primero es construir nuestras propias fuentes de inspiración, no dejarle la imaginación del futuro a la derecha. Juntémonos en el espacio público, bailemos la música de nuestra vida, veamos películas, obras de teatro, vayamos a festivales y conciertos. Después, busquemos tener espacio mental. Podemos intentar con manualidades, cocinar, tejer, bordar, dibujar, hacer deporte, salir a correr. Amemos, enamorémonos, que no nos quiten el amor. Eso sí, no se trata de fingir demencia, de mirar para otro lado, de no pensar en quienes van quedando en el camino de estas políticas restrictivas. Se trata de estar fuertes para dar la siguiente batalla.
5. Y entonces sí, nos organizamos.
Nos quieren tristes, solas y atomizadas. Pero, cuando el 23 de enero de 2024 Javier Milei utilizó su discurso en el Foro Económico Mundial de Davos para atacar a la diversidad sexual, y asociar la agenda LGBT y la “ideología de género” con delitos como la pedofilia, la tristeza se convirtió en bronca y la bronca en acción. En apenas unas semanas, nos organizamos y convocamos a una marcha antifascista que fue la más multitudinaria de los últimos tiempos. Lo mismo pasó cuando las universidades de todo el país reunieron a más de un millón de personas en una marcha federal para exigir un aumento del presupuesto para las universidades y defender su funcionamiento frente al desfinanciamiento provocado por la pérdida del poder adquisitivo de las partidas presupuestarias. Vale la pena recordar: a las derechas no les gusta la gente en la calle. Hay que recuperar ese espacio.
6. Mantenerse alerta y cuidar la democracia.
En América latina los partidos de ultraderecha fueron ganando la confianza de los pueblos empobrecidos y cansados de discursos vacíos. No fue magia: el hartazgo también suma votos. No pongamos el ojo en los votantes, al fin y al cabo, este es el juego de la democracia. No nos peleemos con la política ni caigamos en la trampa de pensar que votemos lo que votemos todo va a estar igual. Pues no: siempre se puede estar mejor si quienes nos gobiernan nos respetan, promueven nuestros derechos y trabajan por la justicia social y la igualdad. La política sigue siendo una herramienta de transformación (también) para hacer el bien. No debemos delegar todo en los representantes políticos de siempre. No hay que esperar a que un político todopoderoso nos salve. Es importante seguir exigiéndoles compromiso a las izquierdas y los progresismos, y encontrar nuevos espacios de militancia, que no necesariamente tienen que ser los tradicionales, nacionales o regionales. En el barrio, en el club de la cuadra, en el parque de la comuna también hay cosas para hacer y personas con las que trabajar.
7. Nadie se salva solx.
No tengamos miedo a fallar. No somos infalibles. Podemos equivocarnos. Que no nos derrote la angustia por ver cómo las políticas de la ultraderecha les cortan las alas a los proyectos culturales, humanistas, científicos, eso que redefine el modelo de país y a la vez precariza nuestras vidas. No tengamos miedo de señalar los errores propios si es para corregirlos, mejorar y aprender de eso. La mejor manera de sentir que estamos haciendo lo mejor posible es si lo que hacemos, lo hacemos de manera colectiva. No nos aislemos.
![]() |
NATALIA ARENAS, columnista invitada Natalia es periodista y feminista. Actualmente es editora de Anfibia, y productora y guionista de Anfibia Podcast. |
![]() |
LEILA MESYNGIER, columnista invitada Leyla es directora de Revista Anfibia y CronosLab. Es periodista y licenciada en Ciencia Política por la Universidad de Buenos Aires. |
![]() |
Esta columna hace parte de la serie La víspera: 7 ideas para preparar la resistencia que reunirá siete columnas de opinión antes del siete de agosto para deliberar, organizar la mirada colectiva y ser más que espectadores. Puedes leer todas las que han salido siguiendo este enlace. |



