Carta de una influencer a las niñas de Colombia
La vida pública de las creadoras de contenido se ha convertido en un referente para niñas y adolescentes que ya no encuentran sentido a la educación tradicional. Eso nos dijeron más de 80 profes durante un espacio virtual. Con estos insumos, la influencer Paula Forero escribió una carta, un manifiesto a la imaginación.
Fecha: 2026-07-21
Por: Por: Paula Forero, @tengotresnombres
Ilustración por:
Luisa F. Arango (@holaahumano)
Carta de una influencer a las niñas de Colombia
La vida pública de las creadoras de contenido se ha convertido en un referente para niñas y adolescentes que ya no encuentran sentido a la educación tradicional. Eso nos dijeron más de 80 profes durante un espacio virtual. Con estos insumos, la influencer Paula Forero escribió una carta, un manifiesto a la imaginación.
Fecha: 2026-07-21
Por: POR: PAULA FORERO, @TENGOTRESNOMBRES
Ilustración por:
Luisa F. Arango (@holaahumano)
Si tienes entre 10 y 15 años, quiero que, por favor, leas esta carta.
No creo que seas una generación perezosa, débil o superficial. Creo que tú y tus compañeros generacionales están creciendo en un mundo en el que pareciera que no hay futuro.
Nacieron en un mundo que les enseñó a correr antes de enseñarles hacia dónde iban. Mientras crecían, las pantallas empezaron a llenarse de personas que parecían haber resuelto su vida: jóvenes con casas enormes, carros, viajes, millones de seguidores. Personas que parecían haber conseguido el éxito antes de cumplir los veinte años.
Y, al mismo tiempo, cuando levantaban la mirada del celular, veían a sus padres y madres salir de madrugada a trabajar para volver de noche, cansadas, preocupados, haciendo cuentas para que el sueldo alcanzara unos días más.
¿Cómo no iban a confundirse? ¿Cómo no iban a empezar a creer que el camino largo era para quienes nunca llegaban a ninguna parte?
Por eso me duele cuando alguien dice que ustedes no valoran el conocimiento o el aprender. Yo creo que sí lo valoran. Lo que dejaron de enaltecer y romantizar fue una promesa que los adultos repetimos durante décadas: que estudiar garantizaba una vida mejor. Y cuando esa promesa empezó a romperse, nadie se sentó a explicarles qué había pasado.
Entiendo por qué tantas de ustedes dudan. Entiendo por qué un mundo que parece premiar la rapidez, el dinero y la fama hace que la curiosidad o el conocimiento parezca un lujo. Entiendo por qué, cuando el planeta se está calentando, cuando hay guerras, cuando tantas familias apenas sobreviven, una puede preguntarse, con toda honestidad: ¿para qué aprender? ¿Para qué estudiar? ¿Para qué querer cambiar al mundo?
Tal vez por eso hoy la pregunta ya no es “¿Qué quiero ser cuando sea grande?”, sino “¿Cómo hago para salir de aquí lo más rápido posible?”. Y esa no es una pregunta sobre dinero, es una pregunta sobre esperanza.
Y por eso hoy vengo a rogarte y hacerte una declaración: un manifiesto a la imaginación.
Porque siento que les están robando el futuro antes de que tengan tiempo de imaginarlo.
Les hacen creer que solo existen unos pocos caminos. Que tienen que hacerse virales. Que tienen que hacerse millonarias antes de los treinta. Que tienen que convertir cada hobby en un negocio, cada minuto en productividad, cada parte de su cuerpo en una oportunidad para monetizar. O les dicen lo contrario: que el mayor sueño al que pueden aspirar es ser la esposa perfecta.
Y ni yo ni nadie puede juzgarlas si escogen ese camino, pero quiero que sepan, recordarles, que no es el único.
También pueden querer descubrir una vacuna. Escribir una novela. Enseñar en un colegio. Diseñar ciudades. Investigar las estrellas. Defender un río. Crear una empresa. Hacer teatro. Construir puentes. Ser juezas. Hacer música. Ser filósofas. Ser lo que todavía nadie ha inventado.
Nadie debería convencerlas de que su futuro cabe en una sola versión “exitosa” de lo que significa ser mujer. Nadie.
La esperanza no consiste en pensar que todo va a salir bien, consiste en seguir creyendo que existen futuros que todavía no podemos ver.
Cada vez que aprenden algo nuevo, cada vez que leen un libro, entienden una idea difícil, hacen una pregunta o descubren algo sobre el mundo, están ampliando el mapa de esos futuros posibles.
Aprender no solo sirve para conseguir un empleo o plata. Sirve para que nadie pueda decirles cuál es el único lugar que les corresponde en el mundo.
Así que esta carta no es para pedirles que estudien, porque seguro ya se los han dicho hasta el cansancio. Es para pedirles que desconfíen de cualquiera que les diga que ya sabe cómo será su vida: del algoritmo, del influencer, del político. De quien les diga que solo valen si producen dinero.
O de quien les diga que ya no hay futuro. Porque el futuro no está escrito en piedra, se construye todos los días. Y, lo mejor de todo, lo podemos construir juntas.


