Defender el territorio en nuestros términos

En entrevista en vivo, Mutante conversó con Rosa Marina Flores, integrante de los colectivos Futuros Indígenas y Hackeo Cultural, y Raíssa Galvão, co fundadora de Mídia NINJA, sobre cómo el activismo digital, el hackeo cultural y la creación de redes autónomas permiten a las voces históricamente excluidas disputar narrativas hegemónicas y tejer comunidad.

Fecha: 2026-03-09

Por: Luisa Fernanda Gómez

Collage por:

MATILDETILDE (@matildetil)

Defender el territorio en nuestros términos

En entrevista en vivo, Mutante conversó con Rosa Marina Flores, integrante de los colectivos Futuros Indígenas y Hackeo Cultural, y Raíssa Galvão, co fundadora de Mídia NINJA, sobre cómo el activismo digital, el hackeo cultural y la creación de redes autónomas permiten a las voces históricamente excluidas disputar narrativas hegemónicas y tejer comunidad.

Fecha: 2026-03-09

Por: LUISA FERNANDA GÓMEZ

Collage por:

MATILDETILDE (@matildetil)

COMPARTIR ARTÍCULO

El desarrollo y la propiedad de las tecnologías de la información y la comunicación, la inteligencia artificial (IA) y los modelos de lenguaje, así como los beneficios que generan, continúan concentrados en manos de unos pocos: es una dinámica que perpetúa lógicas coloniales, jerarquías de poder y desigualdades de género. Por ejemplo, las plataformas donde ocurre gran parte de la conversación pública global siguen estando controladas por un pequeño número de empresas tecnológicas creadas, principalmente, en Estados Unidos (Facebook alberga más de 3.000 millones de usuarios activos mensuales, lo que equivale al 57 % de la población mundial conectada a Internet). A nivel mundial, las mujeres conforman apenas entre el 22 % y el 30 % de la fuerza laboral vinculada a la IA y representan solo el 12 % de quienes investigan en este campo. Y según la Cepal, el 66,7 % de los latinoamericanos tienen acceso a internet, pero las comunidades originarias de la región tienen aún menor acceso que el resto de la población.

Detrás de estas interfaces y los algoritmos que consumimos a diario se esconden patrones de representación que reproducen las narrativas de quienes ostentan el control. Como resultado, se impone una forma de mirar y narrar las realidades y problemas que afectan a quienes habitan el Sur Global. “Cuando se habla de crisis climática, se habla de emisiones, hablan los Estados, los espacios institucionales. Y nosotras [mujeres indígenas centroamericanas] nombramos que la crisis climática tiene causas que iniciaron con el proceso de colonización que se vive en todos los territorios del continente hace más de 500 años, que se han ido configurando y reconfigurando con proyectos de industrialización, de despojo del territorio”, afirma Rosa Marina Flores, mujer afrozapoteca de México, investigadora y miembro de la colectiva Hackeo Cultural y de la Red Futuros Indígenas.

Frente a este panorama de exclusión y ante el “monocultivo de narrativas”, resulta vital la consolidación de medios de comunicación y plataformas alternativas, surgidas desde el sur, capaces de subvertir esa mirada.

Para reflexionar sobre este desafío, Mutante conversó a través de un Zoom live con dos mujeres integrantes de colectivos que buscan transformar qué y cómo se narra en Latinoamérica: Rosa Marina Flores Cruz, y Raíssa Galvão, cofundadora de Mídia NINJA en Brasil, una red de comunicación libre nacida en el sector cultural que hoy es un referente internacional del “mediativismo” —el activismo digital que usa las redes para la participación ciudadana—. Su apuesta política y comunicativa se sostiene en la colaboración, la soberanía tecnológica y la co-creación de narrativas propias. Sus iniciativas comprenden que las redes digitales deben funcionar como un puente de conexión para fortalecer los procesos de lucha que ocurren fuera de los espacios digitales, poniéndose al servicio de los movimientos sociales y de las poblaciones históricamente marginadas: mujeres, indígenas, afrodescendientes y comunidades campesinas.

Rosa Marina, ¿cómo fue crear la articulación de mujeres indígenas y disidencias que configura Futuros Indígenas y por qué surge la necesidad de hacerlo? 

Rosa Marina Flores Cruz: Futuros Indígenas es una red de resistencias narrativas que inició en 2020, durante la pandemia, y surgió a través de un laboratorio de narrativas impartido por la colectiva Hackeo Cultural, que lanzó una convocatoria para reflexionar sobre las narrativas en torno a la crisis climática en pueblos indígenas. Muchas personas respondimos a esa convocatoria y después de tener un proceso de formación en el hackeo cultural y en el cambio narrativo, decidimos que queríamos continuar organizadas y articuladas como un grupo de personas que acompaña procesos de defensa del territorio. Fue una decisión de nosotras mantenernos en red, organizadas y seguir conversando y construyendo juntas narrativas sobre la crisis climática. Porque veíamos cómo se nombraban cosas sobre la crisis climática que no eran necesariamente lo que estábamos experimentando en nuestros territorios. En ese proceso, a lo largo de estos últimos seis años, hemos ido ampliando algunos brazos y tenemos compañeras en Guatemala, Honduras, El Salvador y Costa Rica. Seguimos tejiéndonos internamente en conversaciones para reflexionar sobre cómo experimentamos la crisis climática, pero también sus causas originales, relacionadas con el capitalismo, con la colonización y con los megaproyectos que se asientan en los territorios de toda nuestra región. Sobre cómo al hablar de nuestras propias existencias, estamos haciendo frente a la crisis climática. Estamos en la virtualidad casi por completo y nos vamos tejiendo poco a poco en la distancia. 

¿Qué retos ha tenido conformar una red tan grande, que integra a cinco países?

RMFC: La brecha tecnológica es un reto muy claro. Sabemos que las personas que nos encontramos en este territorio que ahora es llamado México, tenemos condiciones distintas para podernos acercar a ciertas herramientas [a diferencia de] compañeras que se encuentran en El Salvador o en Honduras. A veces es frustrante saber que ocurren sucesos riesgosos con las compañeras en otros territorios y que, aunque tratamos de dar todo el apoyo posible, la distancia siempre es grande y las fronteras son un gran obstáculo. Pero creo que justamente lo que nos ha mantenido a lo largo de estos años, con distintas formas, estructuras y propuestas de organización, ha sido la necesidad de estar vinculadas, de que al crear un espacio como este, colectivo, nos sentimos en un espacio común. 

Donaciones Ongoing.
Da clic en la imagen para saber más.

Raíssa, ¿qué hizo que fuera necesario crear una propuesta como Mídia Ninja, nacida en un contexto de movilización y que tiene la particularidad de tener pies en el activismo?

Raíssa Galvão: Nosotros éramos colectivos culturales de ciudades pequeñas de Brasil que queríamos hacer festivales y eventos. No teníamos plata, estructura ni mucha gente, pero a partir de una lógica colectiva y colaborativa, logramos llegar a más de 200 ciudades y hacer más de 200 festivales por todo Brasil. No teníamos espacio en las grandes disqueras ni medios de comunicación, entonces usamos internet —hace 15 años, cuando apenas comenzaba a masificarse— como una forma tanto de conectar los colectivos unos a otros, como de permitir el flujo de información y reducir los intermediarios. Pasamos 10 años en la música, pero después empezamos a entender que teníamos también un espacio para contar nuestras historias, porque teníamos una relación larga y cercana con muchos movimientos sociales, colectivos y activistas, y que los medios tradicionales no mostraban lo que ellos hacían, las luchas que tenían. Estábamos haciendo cosas muy interesantes y diferentes, pero no teníamos espacios para hablar de esto. Entonces creamos nuestro propio medio para hablar de los colectivos de activistas y movimientos, para contar sus historias y ver un poco de su lucha. Y creamos Mídia Ninja, en marzo de 2013. Era un medio chiquito, solo para hacer coberturas de los eventos y las protestas. Pero en junio del mismo año, las calles de Brasil se prendieron fuego en una gran jornada de manifestaciones, y como nosotros teníamos una red articulada, pudimos contar historias desde adentro de las protestas en cada una de las ciudades [donde teníamos presencia]. Informábamos en vivo en medio de las manifestaciones, desde adentro. Crecimos mucho; empezamos con 4.000 seguidores en marzo y en junio ya teníamos 300.000, y después de eso el crecimiento fue aumentando cada vez más. Ahí entendimos que Mídia Ninja era el medio de los movimientos sociales; que estaba al servicio de los movimientos. 

También entendimos que Mídia Ninja es como el Amazonas, un gran río que irriga y que es fuente de vida para mucha gente y que podía tener afluentes. Entonces empezamos a crear nuevos colectivos y redes para tratar asuntos más específicos. Tenemos una red solo para las mujeres, para la negritud, para el activismo alimentario, para hablar de cine, fotografía, música. Creamos 21 afluentes que son redes territoriales y temáticas que usan la misma tecnología y principios de Mídia Ninja, pero tratan temas específicos. Dentro de ellos tenemos uno sobre nuevas tecnologías usadas por las personas y para las personas, sobre código abierto y creación de plataformas propias. Y en Floresta Ativista estamos creando una plataforma propia, con software libre, para dar soporte a las redes de nuestros afluentes y personas que trabajan con nosotros.

En los medios tradicionales —sobre todo, pero también puede pasar en los alternativos— se cae en la tendencia de romantizar y exotizar a las mujeres negras, indígenas y rurales que están en la primera línea de defensa del territorio. ¿Cómo han hecho que la comunicación deje de ser solo una vitrina de sus luchas y se convierta en un mecanismo que conduzca a su participación en el espacio público, pero también a su protección?

RG: No vamos como los exploradores que llegan a las comunidades solo para producir contenido sin un retorno para la comunidad, principalmente para las mujeres.

Usamos nuestras plataformas, con más de 10 millones de personas, para contar las historias de ellas, de las defensoras, y cómo están haciendo esta defensa de una forma que sea construida junto a ellas y a partir de ellas. Por poner un ejemplo, empezamos una relación cercana con el movimiento indígena para hacer talleres y formaciones y publicar información. Pero no estábamos a gusto con que fuéramos nosotros haciendo contenido sobre ellos. Entonces empezamos a apoyarles para tener su propio medio. Crearon un medio indígena, hoy uno de los principales medios en redes sociales hecho por los indígenas y para los indígenas en lengua indígena. Hasta hoy nos mantenemos trabajando juntos porque creemos que tenemos que apoyar e incentivar a que otros puedan crear sus propios medios. 

Antes teníamos una lógica de “medios de masas”; un gran medio hablándole a una gran masa de gente, que es la lógica de los medios tradicionales. Nosotros cambiamos eso a una “masa de medios”; un montón de medios que juntos tienen más potencia porque cada uno, con su manera, su lenguaje, su público y su forma de hacer comunicación, va a dialogar más directamente con las personas que se sienten más representadas por ellos. Y juntos tienen una fuerza muy grande que se contrapone a los medios hegemónicos. Entonces, por un lado contamos las contra-narrativas y mostramos lo que están haciendo en los territorios, las soluciones climáticas que tienen, las denuncias sobre los asedios, los abusos y todos los grandes problemas y retos que tienen las comunidades, y por el otro lado, incentivamos y apoyamos que los colectivos de los movimientos creen sus propios medios y hagan su comunicación. Una lideresa ambiental dice que tenemos que demarcar las tierras, pero también las pantallas; tenemos que tener espacio en las pantallas para hacer de nuestras voces sus voces. 

RMFC: La comunicación que creamos es desde las propias mujeres y personas de las disidencias de territorios indígenas. Justamente el ejercicio constante es el de posicionar esas formas diversas de vernos a nosotras mismas y de construir estas narrativas tejidas entre lo que estamos haciendo y lo que queremos contar. Muchas de las conversaciones y del trabajo que realizamos en Futuros Indígenas, no llega siempre a las redes hegemónicas. Las redes hegemónicas se vuelven como ese espacio de denuncia; un espacio para compartir, llamar la atención sobre las situaciones de violencia, de urgencia que están ocurriendo, y utilizar ese alcance para visibilizar procesos que a veces tienen poca atención. Pero sobre todo, lo importante es que la comunicación pueda servir y existir hacia adentro, para fortalecer los procesos internos, locales, que se tejen desde abajo. Esa ha sido parte fundamental de nuestra existencia como red. Somos una red donde se articulan personas, pero también procesos. 

Y desde la colectiva Hackeo Cultural, el trabajo que realizamos es procurar que compañeras que sabemos que están teniendo la iniciativa o queriendo construir sus propios procesos, puedan tener herramientas para poderlos nombrar desde sus términos, para también reconocer que la comunicación que nosotros podemos hacer es auténtica y real y que no tiene que seguir siempre los patrones de lo que dicta la comunicación hegemónica, de lo que dictan esos “monocultivos narrativos”, como les llamamos. También, tratando de construir alternativas, autonomías en el espacio digital, que es el espacio que vamos construyendo. Estamos aventurándonos en la creación de una red social autónoma que es milpamerica.org, que trata de abrir un espacio de conversación alternativo, en el que no haya solo eco, sino donde podamos sentirnos seguras de conversar entre nosotras, de poner los temas que son importantes de nombrar y que podamos saber que existimos más allá de los algoritmos y de lo que un grupo de hombres con dinero quieren dictaminar que tiene que ser nuestras formas de comunicarnos. Siempre volviendo a la tierra, tratando de estar aterrizadas en lo que vivimos, en lo que experimentamos, en lo que se está sintiendo en nuestros territorios, nombrando el dolor, el terror, pero también la vida, que es la que nos permite romper y abrir esas grietas en los espacios controlados por unos pocos. 

Proponemos desde Hackeo Cultural estas alternativas de reimaginar el mundo digital y de cómo podemos pensar o soñar que nosotras somos las que ponemos los términos. 

Justamente en Mutante tenemos una pregunta sobre cómo lograr salir de los espacios tecno feudales. ¿Ustedes qué han aprendido en torno a esto? ¿Qué funciona?

RG: Nosotros estamos intentando también esa transición. Entendemos que las redes sociales y los espacios de las bigtechs son necesarios porque es donde se tiene contacto con más gente, donde podemos hablar con millones de personas. Pero siempre mediado por los algoritmos y las formas que ellos quieren que tengamos. Nosotros empezamos a hacer nuestra red, que es Floresta Ativista, una red para comunidades. Ahora está más volcada para oportunidades, la gente puede lanzar un llamado para una oportunidad, un encuentro, una formación, y los usuarios pueden crear sus perfiles y escribir en los espacios. Pero está pensada como una red social, va a tener un espacio para foro, para mensajes entre los perfiles, y es una red construida por nosotras. Pero hacemos la división; en las redes sociales tenemos seguidores, gente que nos sigue para seguir nuestros contenidos. Y estamos haciendo la transferencia a usuarios, personas con quienes queremos tener un contacto más directo para hacer comunidad. Eso es Floresta Activista, un espacio para comunidades, con 20.000 personas ya con perfiles en ese espacio y sigue creciendo. No vamos a dejar de estar en las redes sociales, pero vamos a usar la tecnología y hackear esos espacios para traer gente para nuestras redes, nuestros espacios, que son seguros y más abiertos para nosotros.

RMFC: Es un proceso que va poquito a poco, que nace de esa necesidad compartida entre espacios que están resistiendo y queriendo organizarse. Hay que usar las redes hegemónicas porque si no, ¿cómo llegas? También en muchos espacios locales se tienen que seguir usando las redes. En mi pueblo las noticias solo se mueven en Facebook, entonces no voy a poder enterarme de qué es lo que está pasando más cerca de mí. Pero queremos atender esta necesidad que existe de crear espacios propios, y no dejarnos avasallar por esta sensación de que todo lo que comunicamos se vuelve parte de un río sin caudales que solo se deja llevar y que termina por invisibilizar muchas de las cosas que decimos. Y eso que es un proceso que nosotras igual estamos trabajando en poder volverlo una práctica acostumbrada, reflexionando en por qué queremos espacios alternativos, qué clase de conversaciones queremos iniciar allí, qué clase de cosas queremos activar. Sí creo que va a haber un momento en el que logremos tener un espacio en el que vayamos conectándonos y sepamos que la conversación está allí. Y que cuando queramos escuchar de ciertos procesos, sabremos que allí podremos encontrarlos, ver con quién resonamos, con quién sostenemos un diálogo constante y qué es lo que se está viviendo en el espacio real, en el espacio local. Las redes al final tienen que ser eso, una herramienta de conexión. Tampoco van a ser el espacio per se en el que estamos organizándonos. Nuestra organización sigue ocurriendo en lo local, en el territorio; y las redes tienen que servir para fortalecer eso que ya está ocurriendo.

¿Qué haría que migráramos a esos otros espacios digitales? ¿Y qué han encontrado que motiva a las personas a migrar? 

RMFC: Hay que entender por qué queremos seguir teniendo una red digital. Es una pregunta abierta que nos hacemos constantemente internamente: ¿por qué les ofrecemos este espacio? Para seguir conversando juntas en esos términos, seguir explorando esa pregunta o seguir planteando más.

RG: Hay una pregunta que Rosa trae muy bien y es por qué queremos tener estos espacios y para qué. Cuál es el papel de cada uno de los espacios. Los espacios de las redes sociales son para hablar con más gente, pero los que estamos creando son para hacer, tejer comunidades, para estar más cerca a las personas y crear redes. Para tener espacios para que las personas puedan conocerse unas a las otras. Para tener un espacio más seguro, más chiquito. No queremos que todo lo que hacemos sea para las 10 millones de personas que están en los canales de Mídia Ninja; queremos a la gente que quiere hacer, que tiene voluntad de hacer. Es también un espacio para que la gente que quieres, cruce la frontera, entre a otra red, a otro espacio que es para gente que tiene más voluntad. Cada lugar tiene su papel y eso también debe permitirnos diferenciar cuál es el objetivo o la meta que tenemos en cada espacio.

 

 

Este espacio fue convocado principalmente para las comunidades MUTUA, Movimiento de Cuidado para Periodistas Ambientales, y Mutantes+, el programa de membresías de Mutante. Algunas de las preguntas que respondieron Raissa y Rosa Marin fueron formuladas por asistentes al encuentro.