“Me resisto como periodista a no tener una posición frente a lo que está pasando con la explotación sexual”: Jazmín Santa

¿Cómo es ser parte del grupo de ciudadanos que lucha contra un mercado sexual ilegal dispuesto a comprar a los más jóvenes y vulnerables en una ciudad deslumbrada por el turismo y los dólares? Mutante conversó con siete ciudadanías comprometidas para que describieran las acciones que despliegan individual y colectivamente.

Consulta el especial periodístico completo haciendo click aquí.

Fecha: 2024-04-01

Por: Karen Parrado Beltrán

Foto: María Paulina Pérez | Diseño: Wil Huertas

“Me resisto como periodista a no tener una posición frente a lo que está pasando con la explotación sexual”: Jazmín Santa

¿Cómo es ser parte del grupo de ciudadanos que lucha contra un mercado sexual ilegal dispuesto a comprar a los más jóvenes y vulnerables en una ciudad deslumbrada por el turismo y los dólares? Mutante conversó con siete ciudadanías comprometidas para que describieran las acciones que despliegan individual y colectivamente.

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Fecha: 2024-04-01

Por: KAREN PARRADO BELTRÁN

Foto: María Paulina Pérez | Diseño: Wil Huertas

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Un día, el teléfono de la casa de Santa, que sonaba a eso de las tres de la mañana, dejó de sonar. Santa supo que su amiga no volvería a llamar. “Estoy en Japón, me vine a ser prostituta”, le había contado tres meses antes, después de que desapareció. “Ella me fue contando todo el deterioro que iba viviendo”, recuerda. Eran los años noventa. “Terminó víctima de la mafia Yakuza”.

Pasaron muchos años para que Santa entendiera que lo sucedido con su amiga había sido trata de personas con fines de explotación sexual. “Eso es más que motivo para uno comprometerse con esta causa”, dice minutos antes de entrar a una reunión extraordinaria de la Mesa Intersectorial contra la Explotación Sexual de Niñas, Niños y Adolescentes (Escnna) de Medellín.

En 2015, Santa entró a ser parte de la Mesa. Llegó, además, con el corazón comprometido. Una niña cercana fue abusada sexualmente por su padre. Santa tuvo que escuchar el relato que hizo frente a la médico legista. “Una cosa es que uno lo lea o que se lo digan, otra es escucharlo directamente”, dice. “Eso marca”, agrega.

Santa dice que no puede tener objetividad cuando se trata de la explotación sexual de menores de edad en Medellín. “Yo resisto como periodista a no poder tener una posición frente a lo que está pasando”, dice. Ella tiene una muy clara. Sabe que hay otros lugares desde los que no es fácil alzar la voz, pero como no es funcionaria pública, sino periodista y académica, se siente liberada. “Mi trabajo no depende de que yo hable bien o mal de alguien”. En los últimos meses, ha sido una voz crítica de las medidas, limitadas a decretos, que la Alcaldía de Medellín ha tomado para frenar la explotación sexual de menores de edad.

“Esto es como una pandemia y las medidas tomadas no son las soluciones”, dice. La ciudad está contaminada. Cuestiona que haya una cultura envilecida que sostiene la explotación sexual. “Esa normalización de que un menor de edad ofrece servicios sexuales”, condena. “La explotación es la naturalización de una violencia sexual que va de la mano de otras”, dice. A ella le interesa señalar que, antes de todo, estuvieron el abuso sexual y las violencias intrafamiliares.

Jazmín Santa minutos antes de entrar a una reunión extraordinaria de la Mesa Intersectorial contra la Explotación Sexual de Niñas, Niños y Adolescente de Medellín, donde es parte del Secretariado Técnico. Foto: Maria Paulina Pérez (@laluzqueamo).

Jazmín Santa es una profesora y periodista de 48 años en la Universidad Pontificia Bolivariana.

Hace unos meses, mientras analizaba noticias de 2003, Santa confirmó su resistencia. “Era como si estuviera leyendo las mismas noticias de hoy”. Se preguntó cómo era posible. “Y cómo no seguir en esto cuando vemos que el panorama de la explotación sexual está empeorando, no mejorando”. 

Con todo y lo difícil que es resistir, Santa reconoce que hay luces. “Hay más personas e instituciones comprometidas con esta causa”. Sin embargo, siente que hay viejos asuntos pendientes, que merecen atención. “No podemos tener gente en calle protegiendo los derechos de las niñas, niños, adolescentes con unos malos salarios”, dice refiriéndose a los equipos municipales que acogen y atienden a las víctimas de explotación sexual en centros especializados. “Con una incertidumbre laboral y una precariedad que no les permite hacer el trabajo bien”, dice.

Su resistencia se enfoca en el activismo.