Dos semanas de intemperie: la doble fractura de la educación y la cultura en el Chocó
Este ensayo fotográfico retrata cómo un sismo fracturó la memoria y la educación del Chocó. Al registrar la destrucción en el centro Muntú Bantú y en las escuelas de Primavera y El Dos, exalta a una comunidad que, ante el abandono y la desconexión estatal, improvisa aulas a la intemperie para mantener a salvo su legado ancestral y su porvenir.
Fecha: 2026-08-21
Por: Irina Petro de León @irinapetrod
Foto:
Paula Orozco (@paulaogphoto)
Dos semanas de intemperie: la doble fractura de la educación y la cultura en el Chocó
Este ensayo fotográfico retrata cómo un sismo fracturó la memoria y la educación del Chocó. Al registrar la destrucción en el centro Muntú Bantú y en las escuelas de Primavera y El Dos, exalta a una comunidad que, ante el abandono y la desconexión estatal, improvisa aulas a la intemperie para mantener a salvo su legado ancestral y su porvenir.
Fecha: 2026-08-21
Por: IRINA PETRO DE LEÓN @IRINAPETROD
Foto:
Paula Orozco (@paulaogphoto)
Muntú Bantú – Centro de memoria y documentación afro-diaspórica
Lugar: barrio Medrano, Quibdó.

Sergio Mosquera vive de su labor como docente universitario, pero desde hace 20 años, Muntú Bantú es en sus palabras: “Lo que a mí me alimenta el espíritu, lo que me mantiene vivo”.
En el primer piso de la casa–museo está la filosofía Bantú que lleva al fondo, donde está la sala de cine con más de cien películas afro centradas y, en sus paredes, la historia de quienes han trabajado en este arte.
Al subir al segundo piso están, de un lado la sala que rinde homenaje a mujeres negras históricas y del otro, la que recrea y enaltece los ecosistemas africanos. Fueron los espacios más afectados por el terremoto.
La casa tiene cuatro pisos hacia abajo porque el recorrido está pensado para acercarse a la experiencia que tuvieron las personas esclavizadas cuando se les llevaba a los buques esclavistas. En cada uno hay una sala que explora y narra la cultura e historia de las comunidades negras.
En estos espacios se realizan recorridos culturales, eventos, clubes de conversación y talleres.

Las obras que componen a Muntú Bantú vienen de viajes y amistades que Sergio ha hecho a lo largo de toda su vida. Varias de estas han tenido trayectos transoceánicos para llegar hasta Quibdó. Con la esperanza de que pueda encontrar a alguien que las repare, Sergio ha ido moviendo y organizando objetos después del sismo, pero no se atreve a tocar las esculturas por temor a empeorar el estado de afectación.

Desde hace 3 años que Muntú Bantú no abre al público permanentemente, por razones de orden público y seguridad del territorio; pero sí lo hace cuando alguien programaba su visita. Por eso, hasta antes del terremoto, seguía representando un lugar de encuentro y representación para muchos artistas de Quibdó que han encontrado ahí las primeras oportunidades para formarse profesionalmente.
Sergio se mantiene tranquilo hasta que va pisando el polvo, los restos de cemento y pintura que dejó el terremoto en cada sala. Cuando descubre una nueva humedad que está inundando el último piso, donde está la sala infantil, dice: “Aquí es donde uno se empieza a preocupar porque sabe que hay que actuar rápido, pero cómo, si es el trabajo de toda una vida”. En medio de su angustia y con los ojos casi encharcados confiesa que se ha despertado pensando en dejarlo así, porque no hay en su familia quien tome el legado: “Eso es lo que uno piensa, ¿verda’?, ¿a quién le voy a dejar todo esto?”, pero recuerda pronto la importancia que tiene el espacio para los jóvenes de su comunidad e intenta volver a llenarse de esperanza.
Institución Educativa Agroecológica
Lugar: Corregimiento de Primavera, Istmina.

A unos cuarenta minutos en lancha por el Río San Juan desde Istmina vive una comunidad que se sostiene, principalmente, de la pesca y la agricultura en la localidad rural de Primavera.
Allí funciona hace 25 años esta escuela pública que busca enseñar a sus 150 estudiantes lo técnico y científico, pero también lo humano y espiritual de los saberes agropecuarios. En sus instalaciones también se reúnen los grupos artísticos y culturales del territorio y los que llegan de visita para las fiestas patronales.
El pasado martes, la municipalidad les envió a un especialista en estructuras, quien les confirmó que debido a que las afectaciones se dieron en las columnas, vigas de amarre y muros, la parte de secundaria está a punto de colapso.
Para no suspender las clases, optaron por reunirse al aire libre donde encuentren sombra mientras esperan poder gestionar aunque sea una carpa e ir mejorando temporalmente las condiciones para los alumnos.
Colegio San Rafael El Dos
Lugar: Corregimiento El Dos, Unión Panamericana.

“Una cosa es contarla y otra es vivirla… uno nunca está preparado para vivir algo así”, dice el docente Francisco Mosquera mientras relata los momentos de angustia que vivieron la mañana del lunes 10 de agosto. “Los estudiantes se me pegaban de las piernas, pero yo tampoco sabía qué hacer.”
La estructura tiene un segundo piso desde donde se desciende por medio de unas rampas, pero en medio del miedo, muchos estudiantes se lanzaron desde el segundo piso y llegaron corriendo a la zona segura del colegio, que es un patiecito pequeño al aire libre entre secundaria y primaria.
“Tenemos 480 alumnos en la calle”, expresa con preocupación Rafaela Quinto Quinto, fiscal y líder de la Junta de Acción Comunal (JAC) y quien ha luchado en el territorio por este colegio que les entregaron hace apenas cinco años. Ella sabe la importancia que tiene el espacio académica y culturalmente para su comunidad. Fue precisamente esa nueva estructura la que el sismo destruyó.

Durante la semana pasada recibieron visitas del Vicepresidente y del Ministro del Interior, quienes propusieron reanudar las clases de manera virtual, pero El Dos es un corregimiento sin conectividad a internet, con precaria señal de datos móviles, estudiantes que viven en las periferias y un intermitente servicio de electricidad, por lo que, como lo afirma Rafaela, es una opción inviable: “En la pandemia muchos estudiantes perdieron el año porque no sabían cómo o no tenían para conectarse a las clases”.
A sabiendas de que los tiempos de reconstrucción aún son inciertos, desde la rectoría piensan retomar las clases por jornadas en los salones de primaria: unas edificaciones que tienen más de 20 años en la misma sede y no tuvieron afectaciones.
Francisco voltea a ver los escombros y dice “uno se pregunta cuándo volverá a verlo levantado, un colegio tan bonito”.


