Cuando los ríos suenan, historias llevan

Fecha: 2026-03-05

Por: Natalia Duque Vergara

Fotografías por:

CHARLIE CORDERO

Cuando los ríos suenan, historias llevan

Por: NATALIA DUQUE VERGARA

Fotografías por:

CHARLIE CORDERO

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*Encuentra más contenido de este tema en nuestro especial Todas las aguas llevan a La Mojana.

En La Mojana, una región del Caribe colombiano compuesta por once municipios de cuatro departamentos, las inundaciones que parecen noticia son la regla y no la excepción. Allí el agua suele abundar, incluso más que la tierra, convirtiéndose en un actor central de la interacción humana: aguas para navegar, contemplar, jugar, comer y cosechar. 

Hablar sobre esa relación con las aguas es nombrar los lugares de donde no se huye, sino a los que se habita para definir otras formas de vida que ocurren entre las aguas navegables del río San Jorge, el caserío inundado de La Sierpe y el arroz sumergido de Majagual. 

En el puerto de San Marcos (Sucre) resalta el hombre hicotea: mitad humano, mitad tortuga. La figura de su escultura en yeso marca el límite entre la tierra firme y la ciénaga, una línea limítrofe que cambia constantemente.
La cicatriz de La Mojana, una vía nacional cuya construcción comenzó en 2003 y que atraviesa 85 kilómetros de humedales, desde San Marcos hasta Majagual, en el suroeste de Sucre.
Un niño que nada en la ciénaga de San Marcos como pez en el agua.
La estructura de concreto que contiene las aguas del río San Jorge, frente al caserío de Seheve (Córdoba), siempre ha estado hueca. Su construcción inició en 2021, pero la alcaldía no terminó el proyecto. Un hombre la rellena con pedazos de madera para evitar que se inunde su sala.
El Torno, un caserío acorralado por haciendas de grandes extensiones, tiene una pequeña porción de tierra al borde del río San Jorge. Las mujeres cultivan árboles endémicos en viveros. Los venden a quienes sí tienen tierra para sembrar.
La Sierpe es un caserío de Sucre que lleva cuatro años bajo el agua. La ruptura del dique Caregato, en agosto de 2021, modificó los ciclos de inundación de la región, liberando el cauce intervenido de las aguas del río Cauca.
Antonio Madera es presidente de El Torno, una vereda de San Marcos. Su sueño es que su pueblo se quede con unas pocas hectáreas de las cientos que poseen los terratenientes que lo rodean.
En La Mojana las aguas son una extensión del campo de juego.
Los yonson son el medio de transporte más importante durante los siete meses de invierno en La Mojana. Estas embarcaciones, de madera o fibra de vidrio, navegan la región cuando el único camino queda bajo el agua.
La economía y el estómago de gran parte de los mojaneros depende de la pesca. La preparación en viuda es común para disminuir los efectos de los metales pesados derivados de la minería, que viajan en las aguas del Cauca y en las entrañas de los peces.
La mirada de una mojanera se dirige hacia un paisaje que comprenden con precisión: el pulso de las aguas dice que el invierno dura siete meses y el verano cinco.
Los conductores del agua y los pescadores también confían su vida a la Virgen del Carmen.
Cada vez hay más búfalos en La Mojana, un tipo de ganado resistente que suele ser privilegio de terratenientes o propietarios con más recursos.
Vegetación que crece naturalmente en algunos puntos de las ciénagas y que resulta ser comida gratis para los búfalos, que llegan a pastar en estos cuerpos de agua baldíos de la nación.
Un grupo de búfalos está sumergido en un humedal, entre San Marcos y Majagual. Algunos campesinos dicen que “ellos son quienes mejor viven en La Mojana”, pues disfrutan pasar largos periodos de tiempo bajo el agua.
Para los pescadores y pequeños agricultores o ganaderos, los búfalos están vinculados con la degradación ambiental del territorio. Cuentan que salen en la noche, dañan los caminos con sus pisadas, erosionan las orillas y espantan a los peces con su orina.
El arroz ya está listo. En el caserío de Venecia (Sucre), junto al río San Jorge, un campesino lo cosecha manualmente para llevarlo a las trilladoras.
Las casas de trilla reciben el arroz de todos los mojaneros. En ellas ocurre todo el proceso mediante el cual deja de ser una planta larga y se convierte en grano.
Los trabajadores de Industrias Santa Ana, cerca del casco municipal de Majagual (Sucre), cargan los bultos de arroz. Es la única casa trilladora que también funciona como centro de acopio para los arroceros. Allí pueden almacenar el grano hasta que suba de precio en el mercado y así recibir un pago mayor.
La tradición del arroz viene de los abuelos. Durante los años setenta, el Estado, a través del Incora (Instituto Colombiano de la Reforma Agraria), los convenció de que La Mojana sería una gran despensa de ese grano.
Pedro Nel Ramos, vocero de los arroceros en esa región, se ha sentado en las últimas mesas de negociación con el Gobierno, tras de los paros arroceros del 2025. Allí ha abogado por mejores precios para los productores locales de La Mojana.
El arroz está listo para ser vendido al intermediario que se encarga de empaquetarlo y distribuirlo en las ciudades bajo su marca. Cuando llega a las tiendas, es imposible saber si ese paquete proviene de La Mojana.

*Encuentra más contenido de este tema en nuestro especial Todas las aguas llevan a La Mojana.

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