Cinco claves para tejer redes de cuidado y organizar la resistencia LGBTIQ+
De la Espriella anunció como su ministra de Educación a Viviane Morales, la misma política que hace 10 años promovió el discurso sin fundamento de la “ideología de género” y el referendo para prohibir la adopción a parejas del mismo sexo. Esto nos recuerda que el borrado autoritario de las personas diversas es un proyecto en marcha ante el cual no hay tiempo para la espera pasiva; es tiempo de organizarse y tejer redes comunitarias inquebrantables.
Fecha: 2026-07-03
Por: Ale Gómez Restrepo - Columnista invitade
Ilustración por: Matildetil (IG: @matildetil)
Fecha: 2026-07-03
Cinco claves para tejer redes de cuidado y organizar la resistencia LGBTIQ+
De la Espriella anunció como su ministra de Educación a Viviane Morales, la misma política que hace 10 años promovió el discurso sin fundamento de la “ideología de género” y el referendo para prohibir la adopción a parejas del mismo sexo. Esto nos recuerda que el borrado autoritario de las personas diversas es un proyecto en marcha ante el cual no hay tiempo para la espera pasiva; es tiempo de organizarse y tejer redes comunitarias inquebrantables.
Por: ALE GÓMEZ RESTREPO - COLUMNISTA INVITADE
Ilustración por: Matildetil (IG: @matildetil)
Tras la elección de Abelardo de la Espriella como presidente de Colombia, la pregunta en los espacios de articulación entre colectivos feministas, LGBTIQ+ y de derechos humanos es reiterativa: ¿qué hacemos? El agobio que sentimos está plenamente fundado: hemos visto en El Salvador, Argentina, Ecuador y Estados Unidos cómo actores con el mismo talante y discurso autoritario llegan al poder y aturden con actos administrativos y expresiones de odio que afectan principalmente a los sectores LGBTIQ+.
La interrogante, entonces, escapa de posturas teóricas y se centra en la defensa de las necesidades básicas: el cuerpo, el techo, el acceso a derechos, la vida misma. Superado el agobio y la pausa para tomar fuerzas, se hace necesario pasar a la acción conjunta. La resistencia comienza por tejer redes que no se rompan cuando el vendaval intente separarnos.
Propongo cinco elementos clave para orientar nuestra acción en esta víspera: encontrar puntos mínimos en común; preparar respuestas narrativas sencillas; salir del refugio identitario y tender puentes con otros sectores; recordar nuestra historia como memoria viva; y tejer redes concretas de cuidado mutuo.
Primero, debemos encontrar puntos mínimos en común. La fuerza de los movimientos de derecha ha sido su capacidad de unidad, mientras que los sectores progresistas en ocasiones perdemos el horizonte por enfrascarnos en conflictos infértiles. Pausemos por ahora lo que nos divide, resaltemos lo que nos sostiene.
Segundo, el fantasma de la “ideología de género” —un discurso sin fundamento teórico abanderado por Viviane Morales, recientemente anunciada como futura ministra de Educación, que contradice el concepto de género como constructo cultural y político, y niega los desarrollos de derechos humanos en clave feminista y de diversidad sexual— ha regresado fortalecido bajo los nombres de “protección de la infancia” o “libertad religiosa”. Al ser una categoría vacía, impide la discusión. Debemos prepararnos con respuestas breves y sencillas para las conversaciones cotidianas. No se trata de ganar un debate, sino de sembrar una duda y activar emociones que conecten con otras personas, como narrar alguna de las violencias que hemos vivido cotidianamente como personas sexualmente diversas e insistir en que nadie debería ser sometido a ello.
Tercero, la tentación del refugio identitario es fuerte —queremos juntarnos solo con quienes piensan similar o comparten una experiencia de diversidad sexual—, pero el ataque a nuestros cuerpos es el ensayo general del ataque a la democracia, pues luego de dictarse medidas de negación de derechos contra personas LGBTIQ+ y mujeres, seguirán otras poblaciones vulnerables solidificándose el autoritarismo. La preparación efectiva implica salir del gueto, sentarnos con quienes piensan diferente, escuchar y expresar nuestras vivencias sin conceptos complejos. Tender puentes ya no es una opción, sino una estrategia de supervivencia: un frente amplio es más difícil de criminalizar.

Cuarto, la historia de la población sexo-género diversa ha sido la de sobrevivir en los márgenes, y sabemos que un sancocho comunitario, una red de alquiler de emergencia, un abogado que no cobra la consulta, pueden ser el muro contra el derrumbe. Resistir también es narrar de dónde venimos, no desde el rencor sino desde la advertencia: esto ya pasó y no volverá a pasar porque estamos alerta.
Quinto, y quizás el más urgente, debemos tejer redes concretas de cuidado mutuo que se traduzcan en apoyos materiales y emocionales. Las redes de cuidado son la infraestructura que nos permitirá sostenernos cuando las instituciones fallen o se activen mecanismos de perfilamiento y persecución. Esto implica construir colectivamente mecanismos de apoyo que vayan más allá del afecto y se concreten en acciones tangibles: una lista de contactos de confianza para emergencias, un fondo común para gastos imprevistos, un sistema de acompañamiento para citas médicas o trámites legales, o simplemente el compromiso de estar disponibles para escuchar sin juzgar.
La experiencia nos ha enseñado que el Estado no siempre estará de nuestro lado, que no nos cuida sino que nos cuidan nuestras amigas, y que en los momentos más críticos serán las redes comunitarias las que marquen la diferencia entre el derrumbe y la supervivencia. Por eso, hoy más que nunca, debemos dedicar tiempo y energía a fortalecer estos lazos, a identificar quiénes están a nuestro alrededor y a definir cómo podemos cuidarnos colectivamente.
En suma, encontrarnos en los puntos que nos unen, tender puentes, sostener conversaciones sencillas, recordar de dónde venimos y tejer redes de cuidado es el camino para sostenernos. La preparación ya empezó. No con grandes manifiestos, sino con el mensaje que reenvías, con la lista de contactos que actualizas, con la promesa de que hoy, antes de dormir, le dirás a alguien: “Estoy aquí”. Eso, en esta víspera, ya es resistencia.
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ALE GÓMEZ RESTREPO, columnista invitade Ale es abogade y politólogue especialista en derechos humanos y derecho internacional humanitario. Es activista y defensore de derechos humanos de las personas sexo-género diversas y se desempeña como coordinadore de incidencia de la Fundación GAAT. |
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Esta columna hace parte de la serie La víspera: 7 ideas para preparar la resistencia que reunirá siete columnas de opinión antes del siete de agosto para deliberar, organizar la mirada colectiva y ser más que espectadores. Puedes leer todas las que han salido siguiendo este enlace. |


