La derecha estigmatiza a medio país con la narrativa engañosa del “voto fusil”

El presidente electo, Abelardo de la Espriella, y sus aliados han promovido la versión de que la votación por Iván Cepeda fue impulsada por la coacción de grupos armados. Análisis estadísticos, fuentes en terreno y expertos lo desmienten. La narrativa, aunque engañosa, pone en peligro a millones de personas.

Fecha: 2026-06-29

Por: Juan Manuel Flórez Arias

Collage: Matilde Salinas González

La derecha estigmatiza a medio país con la narrativa engañosa del “voto fusil”

El presidente electo, Abelardo de la Espriella, y sus aliados han promovido la versión de que la votación por Iván Cepeda fue impulsada por la coacción de grupos armados. Análisis estadísticos, fuentes en terreno y expertos lo desmienten. La narrativa, aunque engañosa, pone en peligro a millones de personas.

Por: JUAN MANUEL FLÓREZ ARIAS

Collage: Matilde Salinas González

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Tras enterarse de su victoria en las elecciones presidenciales, Abelardo de la Espriella dio una declaración en una transmisión en vivo con sus seguidores. Fueron sus primeras palabras como presidente electo, el domingo 21 de junio, y las usó para instalar un término que ha concentrado la discusión en los últimos días: el “voto fusil”. La narrativa, promovida por su campaña, afirma que la votación por Iván Cepeda estuvo impulsada por la coacción de grupos armados en varios territorios.

“Estamos agradecidos con Dios por este milagro que ha obrado en medio de tanta situación compleja, del voto fusil, de la compra de votos (…) y a pesar de todo eso pudimos derrotar al régimen”, dijo De la Espriella.

La teoría, soltada por De la Espriella sin mayor contexto, fue retomada por sus aliados ante un resultado de segunda vuelta que reflejó un país dividido: la diferencia entre De la Espriella y Cepeda fue de menos del 1 % de los votos, el resultado más estrecho entre dos candidatos en la historia de las segundas vueltas en Colombia. 

Cepeda obtuvo la mayoría del apoyo de los departamentos en las periferias (en el Caribe, el Pacífico, la Amazonía, el sur del país y parte de la Orinoquía) y sumó 3 millones de votos adicionales entre primera y segunda vuelta que lo pusieron casi a la par de De la Espriella.

“Los grupos armados no fueron el factor que movió el voto de cara a la segunda vuelta”

Durante la última semana, varias figuras de derecha profundizaron en la teoría del “voto fusil” para explicar el crecimiento de Cepeda. Uno de los más visibles fue Andrés Forero, senador electo del Centro Democrático, quien publicó una tabla con los datos de aumento de participación electoral por departamentos y señaló en rojo al Cauca, Chocó, Nariño y Putumayo. 

“Todo apunta a que ese crecimiento anormal responde al voto fusil”, escribió Forero en la red social X, sin aportar ninguna evidencia de su acusación. Se le sumaron otras voces como el periodista Luis Carlos Vélez y Andrei Román, CEO de la encuestadora Atlas Intel.

Pero la hipótesis del voto fusil para explicar las elecciones no se sostiene y parte de premisas deshonestas. Así lo señalan varios análisis estadísticos hechos desde la academia, y las evidencias en terreno de organizaciones como la Fundación Conflict Responses (Core) y la Fundación Ideas para la Paz (FIP), así como los testimonios de personas en los territorios.

“Los grupos armados no fueron el factor que movió el voto de cara a la segunda vuelta”, le explicó a Mutante Michael Weintraub, director del Centro de Estudios sobre Seguridad y Drogas de la Universidad de los Andes, y autor de varios de los análisis estadísticos que probaron la debilidad de la hipótesis del “voto fusil”.

Las especulaciones se han concentrado sobre todo en redes sociales, a partir de análisis de datos superficiales que no incluyen todos los elementos para llegar a una conclusión. 

La primera de esas lecturas se basó en los datos de aumento de la participación en segunda vuelta en municipios con presencia de grupos armados. Como señaló un análisis inicial de Michael  Weintraub, más personas salieron a votar en segunda vuelta en municipios con presencia armada, en comparación con aquellos que sin estas estructuras criminales organizadas. 

Sin embargo, esta mayor participación no favoreció sustancialmente a ninguno de los candidatos. Los votos adicionales se repartieron entre ambos.

Fuente: Michael Weintraub, Universidad de los Andes, con datos de la Registraduría.

Los promotores de la idea del voto fusil tomaron este dato como prueba de su hipótesis. “El voto fusil sí existe”, publicó el periodista Luis Carlos Vélez, al compartir una imagen de la gráfica de Weintraub.

El profesor explica que esa interpretación es equivocada. El principal problema es que la hipótesis sólo toma dos variables: presencia de grupos y aumento de votación. Se trata de una correlación “cruda”, que no incluye otros factores que pueden pesar más en la decisión del voto en esos lugares.

Por eso Weintraub decidió hacer un análisis más completo. Tomó datos como las votaciones históricas por municipio, sus dinámicas socioeconómicas y geográficas (qué tan distantes están de Bogotá) y las necesidades básicas insatisfechas en esos sitios (como el analfabetismo y la pobreza). Después de incluir todas esas nuevas variables, hizo una comparación entre los municipios con presencia de grupos armados y otros municipios sin grupos armados pero con características similares. 

Su hallazgo fue claro: el cambio en la votación en ambos lugares (con o sin grupos armados) fue similar. Es decir, la presencia de grupos armados no fue el factor que determinó la decisión de los votantes.

“Los datos crudos dan correlaciones espectaculares, pero son producto de la geografía de la periferia del país: es mucho más pobre y remota. No sostiene la hipótesis de manipulación del voto”, explicó Weintraub.

Su análisis coincide con el de la Fundación Conflict Responses (Core), que investiga las dinámicas del conflicto en Colombia. Kyle Johnson, cofundador y director de investigación de Core, le dijo a Mutante que la hipótesis del “voto fusil” parte de una selección de algunos casos extremos (cherry picking, como se conoce popularmente esta práctica en inglés), pero no refleja la realidad de las votaciones en su totalidad.

“El problema de quienes promueven la narrativa del voto fusil es que afirman como causalidad algo que es una simple correlación. Mientras más detalles se incluyen en el análisis, menos pesa el voto fusil”, señala Johnson.

Esto no niega, agrega Johnson, que en algunos territorios concretos sí hubo presión de grupos armados, un elemento que no es exclusivo de estas elecciones. No obstante, su investigación incluye un indicio novedoso: la presión armada no habría sido completamente efectiva para direccionar el voto en esos lugares.

El equipo de Core ha identificado 13 municipios (de los 1.102 que hay en total en Colombia) con indicios claros de presión a los votantes por parte de grupos armados. Estos están ubicados en Cauca, Nariño y Putumayo. 

En algunos municipios, como en la cordillera nariñense, el equipo de Core encontró señales de que las comunidades resistieron a la presión de los grupos armados. En primera vuelta, por ejemplo, Iván Cepeda obtuvo votaciones inferiores a las que tuvo Gustavo Petro en 2022 en varios municipios del llamado “cinturón cocalero”, donde Core identificó presiones de grupos armados en estas elecciones.

“Vemos una brecha entre el control que quisiera tener el grupo armado y su efecto real en la votación. En Nariño y Cauca la presión para la segunda vuelta era que todo el mundo tenía que votar, pero mucha gente no hizo caso, en varios municipios no votó el 25 % o 30% de la gente”, apunta Johnson.

Las mesas con 100 % de votación 

El otro argumento central de quienes insisten en  la existencia de un “voto fusil” en estas elecciones es que hubo mesas con 100 % de votación a favor de un candidato. Así lo recalcó Andrés Forero, del Centro Democrático, en una conversación con Mutante: “No es que denunciemos que todos los votos de Iván Cepeda fueron influenciados, pero en ciertas zonas de Colombia sí hubo un ejercicio de constreñimiento armado. Son más de 400 mesas donde el 100 % de los votos fueron para Iván Cepeda, lo que es inviable en términos estadísticos”.

Su afirmación matiza parcialmente sus publicaciones iniciales en redes sociales, en las que señalaba a departamentos completos, y se enfoca en las mesas de votación. Sin embargo, este argumento también tiene problemas. El principal: el fenómeno de mesas de votación con 100 % de votos para un candidato no es nuevo, ocurrió en las elecciones de 2022 y de 2018. En palabras de Weintraub: “Parte de lo que parecía el efecto 2026 no es de 2026”.

Laura Bonilla, subdirectora de la Fundación Paz y Reconciliación (Pares), analizó las mesas con votaciones totales por un candidato. Encontró que en total fueron 666 mesas con este patrón, el 0,56 % del total del país. El porcentaje es similar al del 2022, cuando 0,5 % de las mesas tuvieron votaciones de 100 % por Gustavo Petro o Rodolfo Hernández.

Bonilla apunta que es cierto que la mayoría de los votos en estas mesas en 2026 fueron para Iván Cepeda: más de 600, mientras solo 15 tuvieron votaciones de 100 % por Abelardo de la Espriella. 

No obstante, al igual que con la hipótesis original, hay otros factores que complejizan la conclusión de que esto obedece a presiones armadas. “Cuando vemos en detalle dónde ocurre, se trata de lugares con tendencias históricas muy definidas y dinámicas comunitarias. En resguardos indígenas, por ejemplo, es común que las personas se reúnan antes de las elecciones y el pueblo entero tome la decisión de votar por un candidato”, apunta Bonilla.

“El problema de quienes promueven la narrativa del voto fusil es que afirman como causalidad algo que es una simple correlación. Mientras más detalles se incluyen en el análisis, menos pesa el voto fusil”

Su conclusión es similar a la de un artículo de La Silla Vacía que analizó las votaciones absolutas en segunda vuelta. Para Bonilla, detrás de los señalamientos de voto fusil hay más una estrategia electoral que una preocupación genuina por las garantías democráticas de las comunidades que votaron masivamente por Cepeda.

“Esta narrativa va a ser el centro de algo que ya ha estado presente en la política reciente: la necesidad de destruir políticamente al otro. Algo muy efectivo en una época en la que los políticos viven de narrativas digitales”, señala.

El riesgo de estigmatizar a medio país

Ya hay indicios de los efectos políticos de la narrativa engañosa del “voto fusil”. En una sesión de esta semana en el Concejo de Medellín, el concejal del Centro Democrático Andrés Rodríguez (conocido como ‘El Gury’) propuso bombardear los municipios en los que Cepeda ganó con más del 80 % de los votos.

“Si ya sabemos exactamente en qué mesas de votación hubo irregularidades, donde porcentajes superiores al 80 % fueron votos dirigidos a Iván Cepeda, pues entonces los próximos ataques y bombardeos tienen que ser dirigidos hacia esas zonas. Porque en esas zonas están los bandidos de este país”, dijo Rodríguez.

Por estas declaraciones, la Defensoría del Pueblo pidió a la Fiscalía investigar al concejal de Medellín. “Señalar a territorios como objetivos militares por sus decisiones democráticas constituye un discurso incompatible con el Estado Social y Democrático de Derecho, desconoce la dignidad humana y pone en riesgo la vida, la integridad y la seguridad de millones de colombianos, dijo la Defensoría.

En varios territorios que apoyaron a Iván Cepeda ya sienten la presión de la narrativa del “voto fusil”. 

“Estamos acostumbradas a la estigmatización del centro del país, a que nos llamen guerrilleros a la gente de Putumayo, de Guaviare, de zonas que no son las tres ciudades capitales. ¿Debemos aguantar que tengamos riesgos de bombazos por esa estigmatización?, le dijo a Mutante Juliana Rincón, una joven de Putumayo que apoyó la campaña de Iván Cepeda.

Edwin Capaz, líder del Consejo Regional Indígena del Cauca (Cric), recalcó el riesgo de este tipo de discursos. “Esas conclusiones tienen un propósito: deslegitimar a las comunidades y territorios que, pese a décadas de marginalidad y violencia, han vivido procesos en democracia y construido proyectos territoriales. Pese a todo, hemos decidido ejercer nuestro derecho al voto.

Para Max Yuri Gil, director del Instituto de Estudios Políticos de la Universidad de Antioquia, la narrativa del voto fusil instala un precedente peligroso. Más allá del debate estadístico, advierte que en el fondo de esta discusión están las vidas de millones de personas: “Personajes como ‘El Gury’ dicen en voz alta, a lo bestia, lo que están pensando. Este proceso de estigmatización crea las bases para justificar ataques militares a territorios sin ninguna consideración por el Derecho Internacional Humanitario”.

Pese a su carácter engañoso, la narrativa del “voto fusil” implica peligros reales: la estigmatización de cerca de la mitad del país que no apoyó al futuro presidente, quien hizo campaña con la promesa de “destripar” a los sectores de izquierda.