No somos neutrales ante la defensa de la vida

Fecha: 2026-06-02

Por: MUTANTE

Collage:

Luisa F. Arango

No somos neutrales ante la defensa de la vida

Por: MUTANTE

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Luisa F. Arango

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Lo que está en juego en las próximas elecciones en Colombia es, ante todo, la posibilidad de defender la dignidad de la vida frente a proyectos políticos cuya promesa es la muerte y el miedo. Por eso sentimos la necesidad de trazar una línea clara frente al ascenso de Abelardo de la Espriella. Él encarna una visión de poder autoritaria e incompatible con los valores que orientan nuestro periodismo. 

Mutante no es un monolito. Somos un equipo de 17 personas y una organización con un gobierno asambleario de una veintena. No pensamos igual y nuestros debates internos suelen ser mucho más intensos de lo que se alcanza a ver en nuestros canales públicos. Lo que nos une no es una identidad política homogénea, sino un acuerdo profundo sobre el tipo de periodismo que queremos hacer: uno comprometido con los derechos humanos y con la posibilidad de construir una sociedad más justa.

Nuestro código ético lo dice: nos interesa esclarecer la realidad de las voces marginadas, hacer visible el abuso de poder y comprender las razones que nos impiden construir relaciones desde el cuidado. También hemos sido enfáticas en que no hacemos política electoral. Pero una cosa es mantener independencia frente a las campañas y otra muy distinta asumir neutralidad cuando lo que está en juego son principios democráticos fundamentales y, de paso, la vida misma.

De Abelardo de la Espriella nos preocupa su disposición a utilizar el peso del aparato judicial como mecanismo de intimidación contra periodistas y medios independientes; nos preocupa una idea de seguridad basada en el castigo y la guerra como respuesta casi exclusiva a problemas sociales; nos alarma su propuesta de reducir drásticamente el tamaño del Estado para enriquecer a unos pocos bajo una política de privatización de derechos; nos inquieta una visión extractivista que insiste en explotar la tierra “a lo que marque”; y, entre otras cosas, nos preocupa una forma de ejercer el liderazgo que convierte el machismo, el racismo, la homofobia y la humillación pública en recursos legítimos de la conversación democrática.

No podemos ser indiferentes ante un discurso que recurre una y otra vez al desprecio hacia las mujeres, cuando buena parte de nuestro trabajo ha consistido en contar las vidas y violencias hacia las niñas, las trabajadoras, las maternidades, las líderes ambientales, las mujeres en prisión, las mujeres trans y quienes cargan sobre sus hombros las consecuencias de múltiples formas de desigualdad. 

No podemos mirar hacia otro lado frente a promesas de megacárceles y mano dura, al mejor estilo de Bukele o de la seguridad democrática —pero peor, más espectacularizada—, cuando durante años hemos escuchado las historias de las ejecuciones extrajudiciales o de los jóvenes atrapados entre la pobreza y la violencia. No pensamos permanecer en silencio cuando hemos acompañado a comunidades afectadas por la guerra, la estigmatización, el abuso policial y la crisis climática.

Nuestro periodismo cree que los problemas más complejos no se resuelven aniquilando a quienes piensan distinto ni habilitando lógicas punitivas. Se resuelven ampliando derechos, fortaleciendo la democracia —que es también permitir la complejidad de la conversación— y construyendo y exigiendo condiciones materiales para una vida digna.

En este escenario, priorizamos la posibilidad de la defensa de los derechos humanos que han orientado desde hace ocho años nuestro trabajo. Ahora bien, el resultado del preconteo nos obliga a preguntarnos, con serenidad y urgencia, de qué forma el periodismo participativo puede aportar a la conversación pública para evitar que el fascismo salga victorioso en Colombia.

Se trata de un esfuerzo colectivo, en el cual debemos orientarnos hacia la conversación colectiva e informada con todo tipo de personas. A través de nuestras conversaciones, soportados en la solidez de la evidencia y de la capacidad de leer y entender los miedos que se mueven en esta campaña, esperamos aportar desde nuestro lugar en estas tres semanas antes de la segunda vuelta el 21 de junio.

Precisamente porque esto será un esfuerzo colectivo, vale la pena que el liderazgo del Pacto Histórico, comenzando por el presidente Gustavo Petro, contribuya con responsabilidad a defender la institucionalidad de la democracia colombiana antes de ponerla en duda. El trino publicado por el mandatario en X, en el que desconoce los resultados del preconteo, es el tipo de gestos que deberían rechazarse, pues hace más difícil sostener una conversación con aquellos temerosos e indecisos.  

Queremos ratificar en este espacio nuestro compromiso con la verdad, que es lo que hemos aprendido en este oficio. Como reza nuestro código ético, continuaremos registrando “los problemas de los que conversamos de la forma más precisa posible, contrastando la evidencia y las visiones relevantes, complementarias y/o en conflicto, que confluyen sobre ellos”.

Por eso, si Iván Cepeda llega al poder, también ejerceremos veeduría crítica, señalaremos sus errores y vigilaremos las prácticas sectarias, excluyentes o autoritarias que puedan persistir. Asimismo reconoceremos sus logros, si ellos responden a nuestro compromiso con la justicia social y ambiental. 

Es en su propuesta donde encontramos mayores garantías para que Colombia no vuelva a transitar los caminos que reproducen la guerra, la muerte, el exilio, la persecución política o la privación de la libertad. No queremos volver a aprender las mismas lecciones a punta de reportear el dolor. Ya sabemos lo que cuesta cuando la vida deja de estar en el centro.