“Los debates sobre el fútbol y la política se tienen que dar en la cancha, en la cocina, en los lugares privados y en los públicos”: Gabriela Ardila

Fútbol y política son dos asuntos indivisibles. Mutante conversó con la autora del libro ‘A las patadas: Historia del fútbol practicado por mujeres en Colombia desde 1949’ para reflexionar sobre todas las formas en que jugar, hablar y vivir el fútbol refleja posturas y agendas políticas.

Fecha: 2024-07-09

Por: Luisa Gómez

Collage: Wil Huertas Casallas (@uuily)

“Los debates sobre el fútbol y la política se tienen que dar en la cancha, en la cocina, en los lugares privados y en los públicos”: Gabriela Ardila

Fútbol y política son dos asuntos indivisibles. Mutante conversó con la autora del libro ‘A las patadas: Historia del fútbol practicado por mujeres en Colombia desde 1949’ para reflexionar sobre todas las formas en que jugar, hablar y vivir el fútbol refleja posturas y agendas políticas.

Por: LUISA GÓMEZ

Collage: Wil Huertas Casallas (@uuily)

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La historia del fútbol profesional colombiano arranca con un hecho político: la fecha del primer torneo profesional en el país fue adelantado un año para apaciguar los ánimos luego del asesinato de Jorge Eliécer Gaitán, en 1948. Uno de los múltiples ejemplos que permiten constatar que el fútbol y la política están más cerca de lo que se piensa o, para algunos, se desea. 

De hecho, decir que de fútbol y política no se habla es en sí misma una postura política que busca cerrar los espacios de conversación sobre el deporte para que sean solo algunas personas, con ciertas características sociales, quienes se apoderen de la discusión. “Es una posición política basada en la represión”, dice Gabriela Ardila Biela, autora del libro ‘A las patadas: Historia del fútbol practicado por mujeres en Colombia desde 1949’.  

Gabriela es historiadora, magíster en Estudios Interdisciplinarios Latinoamericanos de la Universidad Libre de Berlín. Su campo de investigación incluye las metodologías feministas y anticoloniales y la historia del cuerpo y el deporte. Actualmente es docente de la Universidad Nacional de Colombia e investigadora del Centro Nacional de Memoria Histórica.

Esta entrevista surge de una secuencia de periodismo participativo; a propósito del furor por la Copa América y la Eurocopa le preguntamos a nuestra audiencia qué piensa de abrir conversaciones con contenido político en torno al fútbol, tomamos algunas de sus respuestas y las convertimos en preguntas que dirigimos a la historiadora.

Luisa Fernanda Gómez: ¿El fútbol y la política son dos asuntos que no deberían mezclarse o una intersección de la cual solo debería ocuparse la academia?

Gabriela Ardila: Todo es política. No hay nada que se pueda separar del mundo político y el mundo, no sé, ¿privado? Desde los feminismos se ha dicho abiertamente “lo privado es político” y lo que pasa en el cuarto, debajo de las cobijas, o en público cuando te besa tu jefe, como sucedió con la selección española de mujeres, es político. No hay forma de separarlos. 

Por otro lado, la academia no existiría si no existiera el mundo de afuera que estudia. En la academia se dan debates que se dan en la calle. Decir que son discusiones que se deben dar en la academia y no en la cancha lo que busca es controlar dónde y quiénes pueden acceder a este debate. Pero los debates sobre el fútbol y la política se tienen que dar en la cancha, en el barrio, en la academia, en la cocina, en los lugares privados y en los públicos. 

L: ¿Cómo se materializa la mezcla entre fútbol y política? 

G: Hay debates que se han dado desde la creación del fútbol. Fue una decisión política que la Asociación de Fútbol Inglesa no permitiera que las mujeres practicaran fútbol en 1800. Fue una decisión política que en Brasil los hombres negros no pudieran jugar ese deporte por racismo. No es que de repente llegó la política al fútbol; es que el fútbol se enmarca dentro de una sociedad y se le permite o no se le permiten muchas cosas. Esa mezcla se ve claramente también en lo que sucede en las canchas, en los ataques y los gritos racistas contra los jugadores negros o en la imposibilidad de los hombres de hablar de su homosexualidad. 

Otro ejemplo: históricamente los deportes, y el fútbol entre estos, han construido género. Ha habido tres formas distintas de definir qué es un hombre y qué es una mujer: a nivel genital, a nivel de cromosomas y, hoy en día, a nivel hormonal. Esto hace que las personas tengan que tener un control hormonal para poder practicar deportes y esto es política sobre los cuerpos de las personas que practican deportes.

L: Comúnmente se piensa que los jugadores son como fichas sin postura política, ¿y qué pasa cuando son ellos quienes se vuelven vocales sobre lo que está pasando en el mundo político y que no impacta necesariamente el fútbol? Me refiero, por ejemplo, a cuando el jugador de la selección francesa Kylin Mbappé se pronunció sobre las elecciones de su país en contra de la ultraderecha. 

G: Las selecciones nacionales se han convertido, de manera incitada, en representaciones de nación en los países donde el fútbol es importante. Se convierten en lo que representa ser colombiano, lo que es ser alemán, lo que es ser francés. Por eso el fútbol es un espacio donde se ha excluido a las mujeres y a los hombres negros, porque no era la representación de nación que se quería. La selección francesa tiene gran cantidad de jugadores negros, pero Francia no se considera ni un país con una población negra grande, ni un país de migraciones. Es un país que sigue teniendo una idea de nación blanca.

Los equipos de fútbol en general representan esta idea nacional que desde la política se va construyendo y por eso cada vez menos futbolistas se atreven a hablar, porque ha habido una política de domesticación. Quien habla es castigado y así se refuerza esta idea de que los y las futbolistas no deben hablar de política. Por eso que Mbappé se pare como un representante de una nación blanca siendo un hombre joven negro lo que demuestra es que es imposible domesticar esto. Es imposible que el fútbol acoja todas los mandatos nacionalistas (que son súper problemáticos) y por el contrario va a seguir siendo un espacio de debate. 

L: ¿Cómo ves a los jugadores de las nuevas generaciones? ¿Están más o menos politizados? 

G: Hay una menor politización y yo lo veo sobre todo en el practicado por mujeres. En el pasado, como no iba nunca a cumplirse el sueño de vivir del fútbol, había una lucha. “Esto yo lo hago porque quiero, lo hago como yo quiero”. Ahora, con esta promesa de la profesionalización, hay un temor más grande. “Mejor digo bien las cosas”, “mejor me porto bien” y eso lo hacemos en todas las profesiones. Mejor escribo el texto así como le gusta al profesor porque igual me quiero graduar”, a pesar de que yo quiera otra cosa. Esto no es algo exclusivo del fútbol. Ahora, en el fútbol practicado por mujeres, hay muchísimo más control de parte de las esferas. Hay investigadoras que reflexionan en torno a si la profesionalización del fútbol practicado por mujeres no es un intento de las instituciones futbolísticas de controlar un espacio que se les estaba saliendo de las manos. Porque hubo mundiales de fútbol de mujeres sin la FIFA y de repente la FIFA dice “ahora sí hagamos mundiales, pero a nuestra manera”. Yo creo que sí ha habido un intento de domesticar que ha callado a las jugadoras y por eso no están diciendo mucho o cada vez dicen menos. 

Ahora bien, otra cosa es que el fútbol se está volviendo cada vez un deporte más caro y era una de las características que hacía que fuera súper popular; era un deporte muy barato de jugar. Pero al volverse más caro jugarlo, hace que las clases populares cada vez puedan acceder menos a él. Si vemos la Selección Colombia de los 90 y la de hoy, tiene características distintas a nivel de clase y de representación de clase, de cuáles son los jugadores que están ahí y eso también hace que haya unos debates que no se den en el público. El uso de las instituciones deportivas hace que cambie quiénes son las personas que pueden practicar el deporte y cuáles son las agendas políticas de quienes están jugando fútbol. 

L: ¿El fútbol practicado por mujeres es una apuesta política en sí misma?

G: El hecho de practicar fútbol siendo una mujer tiene un componente político porque ocupar espacios públicos como las canchas del barrio o el estadio rompe con estereotipos que se ponen sobre nosotras del mandato de ser mujer. Eso en sí mismo hace que el fútbol practicado por mujeres sea intrínsecamente feminista. La pregunta es cómo vamos a movilizar ese feminismo para que sea liberador de todas las personas y los cuerpos y que no se vuelva un feminismo esencialista neoliberal de “ya las futbolistas reciben sueldo, ya son puestas en publicidad, terminamos esta lucha”. Sino entender que por cómo inicia el fútbol, es una pelea política por permitir a cuerpos feminizados romper la idea de no poder utilizar espacios públicos, de no poder organizarse, de no poder practicar un deporte nacional que representa lo que se piensa como “la masculinidad”.

L: ¿Qué otras expresiones contra-hegemónicas pueden nacer al interior de las prácticas futboleras?

G: Una práctica no hegemónica es la homosexualidad. En el fútbol practicado por mujeres hay un espacio de más libertad pero durante muchos años ningún deportista activo profesional había hablado de ser homosexual. Otro elemento fundamental son los estereotipos racistas que se tienen en las naciones y que se rompen. Francia no puede tener un equipo solo blanco porque perdería los partidos. Francia ganó el Mundial de 2018 con un equipo con mucha presencia negra y eso es darle en la cara a los racismos nacionalistas como el de Marine LePen, que parecía que iba a ganar las elecciones a su vez que su selección nacional de fútbol (que hace que se mueva un montón esta emocionalidad nacionalista) está fuertemente marcado por presencia negra. Es decir, no se puede negar que hay una historia negra francesa y eso me parece que también es una afronta política dentro de los deportes. 

Y las hinchadas. En las hinchadas también se dan debates políticos y las hay fascistas y racistas, pero también, hinchadas que se están peleando otras formas de vivir, existir y ver el fútbol. Y creo que ahí también hay fuertes discusiones no hegemónicas. Hay algunas hinchadas de mujeres que han sacado trapos feministas en estadios, por ejemplo, y sigue siendo una forma de mover la política desde los espacios futboleros.

L: Y si ponemos el foco en Colombia…, ¿cómo ha sido históricamente la relación entre el fútbol y la política? 

G: Ahí vale contar la anécdota de cómo se profesionaliza el fútbol practicado por hombres en Colombia. Después de varios debates, la Difútbol y la Dimayor deciden que sí, que van a profesionalizar el fútbol practicado por hombres en Colombia. Organizaron un torneo para 1949, pero después de este acuerdo ocurre el Bogotazo, en 1948. Y se decide adelantar el torneo un año para apaciguar las condiciones políticas que estaban sucediendo en el país. La relación entre fútbol y política en Colombia es indiscutible.

Más recientemente, la Copa América que se dio en medio del proceso de paz de Andrés Pastrana y las Farc, en 2001, fue un torneo al que no vinieron los mejores equipos latinoamericanos por las condiciones de seguridad del país. Colombia gana la Copa América en un momento donde había una guerra y una desilusión nacional fuerte. El fútbol se ha usado a nivel político para animar y para construir nación. Y no lo quiero simplificar a pan y circo, porque creo que tanto el pan como el circo son cuestiones mucho más políticas que lo que permite ese dicho. Pero sí creo que hay unos elementos que buscan una cohesión nacional a partir de una representación pública en el fútbol. 

L: ¿Cómo pasamos a la acción? ¿Qué tenemos que tener en cuenta para tener mejores conversaciones sobre fútbol y política?

G: En general permitirse hablar, atreverse a dar un debate, a hacer preguntas y a proponer respuestas. Desestigmatizar las expresiones políticas de quienes juegan fútbol. A las jugadoras mujeres en Colombia se les critica mucho, “pelean un montón, no están felices con nada y entonces ahora se van a quejar porque no las llamaron para la Selección Colombia”. Sí, se van a quejar y es importante que se quejen y es importante que les demos escucha. 

En las casas, con las personas amigas, esto de que están viendo un partido y va su comentario sexista, su comentario racista, hay que incomodar, preguntar “¿por qué dice eso?”. Incomodar en estos espacios cotidianos también ayuda a transformar socialmente.

Y por otro lado, también acompañar espacios políticos que existen. Ser capaces de romper con nuestras creencias y entender que otras personas pueden hacer parte de esto. Las personas trans también pueden entrar a los deportes. Hay que politizar esto y hay que hacernos preguntas de creencias que tenemos nosotras mismas, eso creo que es importante.

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