‘La guerra es el mayor contaminante del planeta y las mujeres tienen el poder para detenerla’

De las 132 guerras que se libran actualmente en el mundo, el 80 % tienen lugar en zonas de gran biodiversidad habitadas por pueblos indígenas. Sin embargo, la conexión entre clima y conflicto, y la manera en que ambos asuntos afectan de manera diferencial a las mujeres, necesita más atención a medida que el mundo pasa de los combustibles fósiles a una economía verde. Mutante conversó con Binalakshmi Nepram, indígena de Manipur, India, fundadora de la Alianza Global de Pueblos Indígenas, Justicia de Género y Paz.

Fecha: 2025-12-21

Por: Luisa Fernanda Gómez

Collage por:

LUISA FERNANDA ARANGO (@holaahumano)

‘La guerra es el mayor contaminante del planeta y las mujeres tienen el poder para detenerla’

De las 132 guerras que se libran actualmente en el mundo, el 80 % tienen lugar en zonas de gran biodiversidad habitadas por pueblos indígenas. Sin embargo, la conexión entre clima y conflicto, y la manera en que ambos asuntos afectan de manera diferencial a las mujeres, necesita más atención a medida que el mundo pasa de los combustibles fósiles a una economía verde. Mutante conversó con Binalakshmi Nepram, indígena de Manipur, India, fundadora de la Alianza Global de Pueblos Indígenas, Justicia de Género y Paz.

Fecha: 2025-12-21

Por: LUISA FERNANDA GÓMEZ

Collage por:

LUISA FERNANDA ARANGO (@holaahumano)

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Abre la puerta y se deja ver toda ella; morena, pelo azabache, estatura corta, pies descalzos y enorme sonrisa. Usa un vestido negro y sobre él una pashmina tejida por mujeres de su pueblo natal. “Me llamo Binalakshmi Nepram y soy de Manipur, un estado indígena con una población de 3,3 millones de habitantes situado en el noreste de la India, en la frontera con Birmania”, se presenta, en un inglés con marcado acento indio y una voz como el durazno.

Bina es una mujer indígena, fundadora de la Red de Mujeres Supervivientes de Armas de Fuego de Manipur y de la Alianza Global de Pueblos Indígenas, Justicia de Género y Paz. Es, además, copresidenta del International Peace Bureau y fue galardonada, en 2010, con el Premio Sean MacBride de la Paz. Todas esas son sus luchas —mujeres indígenas, construcción de paz y justicia climática— aunque con una sola bastaría para que fuera trabajo suficiente. Repite mucho su preocupación por la protección de las personas, la paz y el planeta.

Bina Nepram, mujer indígena y activista por la paz. Fotografía por: Luisa Fernanda Gómez.

Binalakshmi Nepram: No creo que la gente se dé cuenta de que el tiempo se está acabando. Porque a medida que el mundo se adentra más en la inteligencia artificial y hay más guerras y conflictos, intentarán extraer recursos de nuestra tierra. La guerra es el mayor contaminante del planeta, pero eso no se está discutiendo. A medida que aumenta la temperatura, también aumenta la guerra. Está directamente conectado.

Luisa Fernanda Gómez: ¿Y cómo se conectan, en tu experiencia personal, estos temas? 

BN: El lugar donde nací, Manipur, es ahora una zona de guerra. Tenemos más de 100 mil soldados de las Fuerzas Armadas de la India y 70 grupos insurgentes armados operando. Sin olvidar que acaban de surgir milicias privadas. Así que estamos hablando de muchas armas, mucha violencia y mucho tráfico de drogas. Es como la Colombia de antes. Una situación horrible en la que nuestros bosques están siendo deforestados a un ritmo vertiginoso. Como resultado, en los últimos dos años hemos sufrido repentinas inundaciones que han dejado a cientos de miles de personas sin hogar y sin propiedades. Mientras investigábamos y trabajábamos sobre el conflicto, nos dimos cuenta de que las inundaciones repentinas ocurrían dos o tres veces al año. El nivel de los ríos aumentaba y era un fenómeno muy nuevo para nosotros. Estamos al final del Himalaya, que es un punto de gran biodiversidad. Además, esta es una zona en la que se encuentran enormes cantidades de minerales críticos. Las empresas y los países intentan llevarse esos minerales y para ello provocan conflictos. Así que hemos perdido a más de 300 personas en los últimos dos años. 70.000 viven ahora mismo en unos 300 campamentos de refugiados, después de que se quemaran 10.000 hogares. Estoy hablando de una zona de conflicto activo. Salimos de la COVID, comenzó la violencia y luego comenzó la inundación. Y así hemos terminado con las tormentas de granizo, las condiciones climáticas extremas que afectan a la zona de guerra más biodiversa y sensible de la India. Aquí se puede ver un ejemplo de cómo el conflicto y el clima están relacionados.

 

Manipur está ubicado al noreste de la India, en la frontera con Birmania, relativamente cerca —para la inmensidad de ese país— de Bangladesh, Nepal y China. Es montañoso; “hay nueve cordilleras y un valle precioso”, dice Bina. Y tiene, también, un largo historial de insurgencia y violencia interétnica. El primer grupo armado de oposición, el Frente Unido de Liberación Nacional, se fundó en 1964 con el objetivo de lograr la independencia de la India. Con el tiempo, se formaron muchos más grupos, con objetivos diferentes y el apoyo de diversos grupos étnicos. Más recientemente, en 2023, un conflicto étnico entre dos de estos grupos provocó violentos disturbios, el desplazamiento de 60.000 personas y cientos de muertos y heridos. La distancia entre Manipur y Colombia —antes y ahora— resulta sólo geográfica.

LFG: ¿Y cómo haces la conexión de estos dos temas —conflicto y clima— con las mujeres indígenas, que es el otro gran enfoque de tu trabajo?

BN: He visto cómo las mujeres y los indígenas se ven afectados de manera desproporcionada en cualquier guerra. En la actualidad hay 132 guerras en el mundo que han desplazado a 200 millones de personas, y el 80 % de estas guerras se libran en territorios indígenas. Perdí a mi sobrino de 14 años en la explosión de una bomba, mis padres estuvieron a punto de ser asesinados a tiros, he visto cómo violaban y asesinaban a mujeres indígenas. Además de eso, muchos hombres jóvenes mueren en este conflicto; así que las mujeres jóvenes se quedan solas para cuidar de sus hijos. Trabajo con más de 20.000 mujeres viudas solo en mi estado natal. Y por otro lado, los fenómenos climáticos extremos, las sequías, las inundaciones, los terremotos están afectando nuestra seguridad alimentaria, y las mujeres son las más afectadas, porque como nuestra cultura es patriarcal, los hombres comen primero; las mujeres comen lo que sobra. Somos las primeras en sufrir el impacto de la guerra y la injusticia climática. 

LFG: ¿Cómo comenzaste en estas luchas? 

BN: Quería ser física. Me fascinaba la ciencia, pero cuando la guerra te impacta, también impacta tus estudios. Así que la carrera, que era de tres años, se convirtió en cinco. Eso afectó mi investigación, mis estudios, y entonces empecé a investigar por qué estaba pasando esto. Por qué hay tanta guerra. ¿Quién nos arma y nos entrena? ¿De dónde proceden las drogas? Realicé una investigación exhaustiva en mi universidad para averiguar por qué hay tantos conflictos en mi tierra y durante esa investigación, pude conocer a cientos de miles de personas que vivían en más de 300 pueblos, repartidos por toda la zona de Indo-Birmania, Indochina e Indo-Bengal. Me di cuenta de que la guerra y los conflictos no afectan a quienes los crean, sino a los más pobres entre los pobres. Afectan a quienes ni siquiera son conscientes de estos problemas. Pero sus vidas, sus hogares son quemados, sus hijos son asesinados, sus maridos les son arrebatados. 20.000 mujeres quedaron viudas en el conflicto de Manipur. Así es como comenzamos la Red de Mujeres Supervivientes de Armas de Manipur en el año 2007. Más tarde, impulsamos la Iniciativa de Mujeres del Noreste de la India por la Paz, en la que mujeres indígenas se reúnen para hablar sobre cómo lo hacemos. Y luego, en 2019, nuestro trabajo se globalizó cuando establecimos una alianza de pueblos indígenas, justicia de género y paz. Actualmente estamos en Papúa Nueva Guinea, en el Sahel, Sudán, Bolivia, Guatemala, Tanzania y Kenia.

 

LFG: Tu aproximación hacia las mujeres no es desde el lugar de la victimización sino del liderazgo, como constructoras de paz, ¿por qué?

BN: Recuerdo a Simone de Beauvoir, cuya obra El segundo sexo habla de que una no nace mujer, sino que se hace mujer. Sabemos que el género es una construcción social. Pero también es interesante lo que nos dijo Simone de Beauvoir, de que hay una cualidad intrínseca en la mujer que es la capacidad de cuidar. Damos a luz a seres humanos, a todos estos hombres que están contaminando la tierra. Y he visto el poder de las mujeres para detener las guerras y la violencia sexual. Así que creo sinceramente que las mujeres y las mujeres indígenas tienen la clave para proteger a las personas, la paz y el planeta. Por la forma en que han sobrevivido al genocidio durante más de 500 años. Saben cómo sobrevivir a esta violencia extrema en sus cuerpos, en sus mentes y en nuestra tierra. Tienen el ADN para construir un camino, tanto para la mitigación del clima como para la mitigación de los conflictos. No tengo ninguna duda al respecto. Lo sé porque recorremos ese camino todos los días. Les daré tres ejemplos. Argentina: el trabajo que hicieron las madres de la Plaza de Mayo por los niños desaparecidos. Las Maira Bibis de Manipur: madres y abuelas que recorren las calles por la noche con antorchas de bambú y se enfrentan físicamente a los militares para recuperar a sus hijos e hijas que se llevan en medio de la noche. Las mujeres masái, de Tanzania, que viven en medio de una especie de desierto, pero se han unido en grupos para convertirse en propietarias de ganado —en un lugar donde se considera que las mujeres no pueden poseer nada—, para construir un entorno menos violento y proteger el planeta sembrando árboles que las protejan de las condiciones climáticas extremas. Las mujeres indígenas han liderado la consolidación de la paz. Y es muy importante que esto se reconozca, dados los recursos que se necesitan para hacerlo posible. A muchos financiadores les digo que confíen en las mujeres, en las mujeres indígenas, que les den el capital que necesitan para hacer el trabajo de proteger a las personas y al planeta. En este momento, solo el 0,3 % de todos estos recursos climáticos se destina a las mujeres indígenas.Los países deberían confiar en las mujeres, en las indígenas. Decirles: “Ustedes son las que dan vida. Confiamos en ustedes”. Si el mundo es capaz de cambiar eso, y asegurarnos de que las mujeres participen en la toma de decisiones, tanto sociales como económicas y políticas, podremos cambiar el rumbo. 

 

En 2024, se gastaron 2,7 billones —two trillion— de dólares en la industria bélica. En contraste, en la COP29, se acordó que los países “desarrollados” deberían aportar 300.000 millones de dólares anuales para mitigar la crisis climática, hasta llegar a 1,3 billones en 2035. Pero apenas en 2022 se alcanzó la meta anterior, de 100.000 millones, fijada en 2009. Solo el 1 % de la financiación climática llega a los pueblos indígenas.

 

BN: Cada vez que veo a una empresa minera excavando la tierra, siento que se viola a la Madre Tierra. Mahatma Gandhi dijo una vez: “Tenemos suficiente para satisfacer las necesidades de todos, pero no la codicia de todos” (“We have enough for everyone’s need, but not for everyone’s greed”). Creo que tenemos suficientes recursos en el mundo para proteger a las personas, la paz y el planeta. No tenemos que producir más y más, contaminar esta tierra y dañar a nuestra madre tierra. Tenemos que aprender a vivir en comunidad con la naturaleza. Esa es la única manera en que podemos ayudar a reducir el aumento de la temperatura, asegurándonos de que la mantendremos en 1,5 grados centígrados. Los últimos dos años han sido los más calurosos de los últimos cien años. Mira las inundaciones, mira el clima extremo, los tifones, mira los ciclones. Todo esto es consecuencia del cambio climático. Y hay personas que están muriendo por ello.

 

La conversación con Bina sucede a finales de noviembre, el último día de la 30 conferencia de las partes sobre el cambio climático (COP30), en Belém (Brasil), en la Amazonía, “el pulmón de la Tierra”, como ella la llama. Nadie la invitó, dice, pero llegó para impulsar elementos de paz, mujeres y clima en el texto final. A traer “las almas del mundo indígena constructor de paz que faltan en la COP30”, a hablar de “la sanación de las personas, la paz y el planeta”. El aire a nuestro alrededor se pone denso y hacemos pausas para limpiarnos el sudor de la cara, por más que el ventilador de la sala donde conversamos hace su mayor esfuerzo por mantenernos frescas en ese clima húmedo tropical.

 

LFG: En este momento global marcado por la crisis climática, los conflictos y los avances tecnológicos, ¿qué señales de esperanza has encontrado en tu trabajo reciente?

BN: Nos encontramos en un momento trascendental de la historia. Sabemos, que si no cambiamos esto, nos estamos conduciendo a la perdición como seres humanos. Estamos permitiendo que nuestras vidas sean dictadas por la inteligencia artificial. Hace unos días hablé con un joven de 18 años del Amazonas que me dijo que él también está trabajando en IA. Pero su IA no es inteligencia artificial, es inteligencia amazónica. Esa es la esperanza que me llevé de Brasil. Que la inteligencia amazónica, la inteligencia de la sabiduría de las tradiciones, de las buenas prácticas, modernas y pasadas, la obtengamos de manera que podamos implementarla y mantener a las mujeres indígenas, a los jóvenes indígenas, a los ancianos indígenas trabajando con países, empresas e instituciones para que eso suceda. No es fácil. Pero en el pasado nos dimos cuenta de que si no alzábamos la voz, la Madre Tierra sería dañada. Así que alzamos la voz con valentía, desde nuestro corazón, desde nuestra ciencia, desde nuestra investigación, porque queremos ayudar a aportar soluciones. 

 

LFG: ¿Cómo estás viendo que la transición energética y las políticas climáticas globales están impactando a los territorios indígenas donde hay conflicto armado o presencia militar?

BN: En este momento, los países están utilizando sus ejércitos para apoyar a las empresas a crear guerras con el fin de extraer nuestros recursos. El Congo, el Sahel y Sudán son ejemplos que tenemos justo delante de Birmania y Manipur. Y tenemos que garantizar que la mitigación del cambio climático no se convierta en otro modelo de negocio para obtener beneficios. De hecho, la economía verde también es calificada como colonialismo verde a medida que se produce la transición de los combustibles fósiles a las energías limpias. El 54 % de estos minerales críticos para las energías limpias se encuentran en nuestros territorios y los países están aumentando la financiación a las empresas para que busquen esos recursos. Todo esto se encuentra en nuestros territorios. Si esto no es otra forma de colonialismo, ¿qué otra cosa puede ser? Por eso queremos que los países y las empresas se den cuenta de que no deben cometer el mismo error que cometieron durante 500 años de colonización en todo el mundo. Miren dónde nos ha llevado eso hoy en día. No queremos que se repita en los próximos quinientos años. Esto debe hacerse en consulta y con el consentimiento libre, informado y voluntario de los pueblos y comunidades indígenas que se encuentran en primera línea de este cambio climático. Y, por supuesto, para lograr el cambio se necesitan recursos. Por el momento, estos recursos deben ser determinados por los países. Y tiene que ser un acceso directo, los pueblos y comunidades indígenas afectados por el cambio climático y la guerra en primera línea. Solo el 2 % de los recursos filantrópicos se invierten en el cambio climático. Y queremos que las mujeres participen en la toma de decisiones en esas sillas sobre el cambio climático. las mujeres sabemos lo que hay sobre el terreno. 

 

Luego de haber iniciado y abandonado la carrera de Física, Bina estudió Historia de la India y se dio cuenta de que en los libros de historia no había un capítulo sobre los 45 millones de personas que viven en el noreste de ese país. Ni siquiera en lo que se escribió cuando la India se independizó de la colonización británica. “Y es por eso que la región de la que vengo continúa en un estado de guerra y conflicto, por más de 70 años”. Ella lleva casi dos de esas siete décadas atestiguando las consecuencias de ese conflicto, acompañando víctimas, luchando por la eliminación de las armas en el país que había sido, hasta hace muy poco, el mayor importador de armas del mundo —hoy solo superado por Ucrania. Hay ciertos prejuicios que emergen al conocer a alguien que provenga de un lugar así —los mismos que podrían surgir sobre alguien que viene de Colombia—. Aún así —o quizá por eso mismo— me sorprendo al verla sonreír tanto, me extraño con su humor y risa a carcajadas en medio de relatos crudos, su tono de optimismo, su inagotable alegría. ¿De dónde proviene? ¿Cómo puede mantenerse tan esperanzada?

 

BN: Si el sol puede salir cada mañana y ponerse cada día, nuestro espíritu también. Por lo tanto, no podemos estar cansados. Por supuesto que estamos cansados, somos humanos. Pero como pueblo indígena, vivimos muy cerca de la naturaleza. Nuestros cuerpos están compuestos por un 70 % de agua; somos naturaleza. Ahora mismo estamos en el Amazonas. Y esa naturaleza nos da la energía que nos permite hacer nuestro trabajo. Mientras la naturaleza esté con nosotros, sabemos que seguiremos adelante sin cesar. Porque lo que está sucediendo, la guerra, el clima, eso no es natural, por eso los llamamos conflictos fabricados. Y por eso decimos que nuestro espíritu proviene del hecho de que caminamos por el camino natural. Aquellos que contaminan, que hacen daño, que crean guerras, también necesitan su propia paz. No les tenemos miedo: les decimos que hagan lo correcto. Y mientras sepamos que hacemos lo correcto, no tememos ninguna de las amenazas a las que nos hemos enfrentado, las intimidaciones, los retos. Actuaremos desde un lugar de amor y cuidado muy profundos, con una convicción tan fuerte que ni siquiera las balas pueden atravesar. Al igual que el sol sale cada mañana, seguiremos caminando hasta alcanzar nuestra meta.

 

La conversación termina con aquel sol ubicándose hacia el centro del cielo. Bina, me dice, está agotada y como disfruta mucho del agua, antes de volver a Manipur, irá al río que abraza a Belém. Compartimos un poco más sobre nuestros lugares de origen y Bina menciona que quiere conocer Colombia: “Es un país del que aprendo mucho cuando investigo, porque las condiciones son muy similares en cuanto a la violencia, el narcotráfico y la violencia contra las mujeres. Me gusta mucho que ahora sus normas se centren en las mujeres, la paz y la seguridad. Es como si también hubieran ocurrido cosas positivas en su país”. Se levanta con la armonía que emana toda ella y con sus pies descalzos me conduce hacia la puerta.